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lunes, 7 de junio de 2010

Cada día soy mas pecador

[12:25:42] Flopy dice:
hola!
[12:26:27] Antonio dice:
Hooola Flopy!!
[12:26:39] Antonio dice:
como estas??
[12:27:12] Flopy dice:
bien!!!!!
[12:27:21] Flopy dice:
cansada!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! (nota: trabajo mucho los dos dias anteriores para el Señor)
[12:27:38] Antonio dice:
jaja gloria a Dios!!!
[12:27:38] Flopy dice:
pareciera que me paso un camion!
[12:28:06] Flopy dice:
con dos increibles moretones!!!!!!!!!
[12:28:40] Antonio dice:
uhh claro me dijo Fatima q te caiste?? no tuve tiempo de preguntarte q te paso..
[12:28:50] Antonio dice:
tan fuerte fue?
[12:29:21] Antonio dice:
sabes q cuando pusiste cansada yo entendi casada!!!!!!1 jaja
[12:29:38] Flopy dice:
jajajaja
[12:30:03] Flopy dice:
si me case hoy!!!!!!!!!!!!!!!!!!
[12:30:21] Flopy dice:
un pequeño detalle
[12:30:44] Flopy dice:
me falta el esposo!!!!!!!!!
[12:31:13] Antonio dice:
jeje ah no pasa nada
[12:31:46] Antonio dice:
falta menos ya
[12:32:09] Flopy dice:
porque?
[12:32:29] Antonio dice:
y solo te falta el esposo..
[12:32:35] Antonio dice:
una sola cosa
[12:33:06] Flopy dice:
jajaaja
[12:33:07] Antonio dice:
te acordas q te dije el otro dia q a mi me faltaba muchas cosas para casarme?? jeje
[12:33:43] Flopy dice:
jaja
[12:34:32] Flopy dice:
hey pero es re importante e indispensable la que me falta
[12:35:07] Antonio dice:
jajaja la verdad q pensandolo bien.. es importante
[12:35:26] Antonio dice:
jeje
[12:36:00] Antonio dice:
seguro q anda x ahi.... el señor tal vez lo esta preparando
[12:36:24] Antonio dice:
dandole algunas instrucciones
[12:36:28] Antonio dice:
jeje
[12:38:14] Flopy dice:
uh!!!! si puede ser porque  para soportarme necesita muchas instrucciones!!!!!!!!!!!
[12:38:43] Flopy dice:
jaja
[12:38:49] Antonio dice:
jaja no me asustes
[12:40:03] Flopy dice:
no tan insoportable no soy!!!!
[12:40:15] Flopy dice:
un poco!!!!!! jaja
[12:41:05] Flopy dice:
ah!!!!!!
[12:42:38] Flopy dice:
y Dios necesita prepararme tb!!!!!
[12:43:27] Antonio dice:
si seguro.. x eso hay q ser dociles al Señor para q podamos recibir todo lo q el tiene para nosotros...
[12:44:10] Antonio dice:
uhhhhhhhhh conmigo tiene tanto trabajo mi dulce Señor!!!
[12:45:17] Flopy dice:
pero no se nota!!!
[12:47:17] Antonio dice:
pero hay muuuucho.. pero x gracia de Dios cada día hay un poquito menos a los ojos del Señor... aunque mas q el dia anterior a mis ojos
[12:47:32] Antonio dice:
jeje q bueno ese pensamiento :-)
[12:48:13] Antonio dice:
El ve toda mi historia yo solo veo una parte!! q groso
[12:49:13] Flopy dice:
es cierto!!!!!
[12:50:08] Flopy dice:
pero el es tan misericordioso que ve y comprende toda nuestra historia!!!!!!
[12:51:43] Flopy dice:
y aunque muchas veces metemos la pata en nuestra historia o la hicimos sin que El este presente
[12:52:42] Flopy dice:
todo lo comprende, perdona y acepta inclusive cuando nosotros no lo hacemos!!!!
[12:53:14] Antonio dice:
es cierto!!
[12:53:22] Antonio dice:
Gloria a Dios!!
[12:53:35] Antonio dice:
che esto tenemos q poner en un libro
[12:53:53] Flopy dice:
que cosa!!!!
[12:54:05] Flopy dice:
bueno me tengo que ir!
[12:54:13] Flopy dice:
besos!!!
[12:54:22] Antonio dice:
besos y muchas bendiciones!!

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Soy mas pecador = me doy cuenta que soy pecador que soy débil y necesito de mi Señor!! Sin él no puedo hacer nada... todo lo hago por su Gracia!!

Haciendo el examen de conciencia

Para que sea profundo y completo, te recomendamos seguir los siguientes pasos


Para que el examen de conciencia sea profundo y completo, te recomendamos seguir los siguientes pasos:

1. Invocación al Espíritu Santo: 
Llama al Espíritu Santo para te ilumine y te haga ver tu vida desde los ojos de Dios. Puedes utilizar la oración al Espíritu Santo que aparece aquí, o la más conocida invocación al Espíritu Santo.

2. Acto de presencia de Dios:
Haz un esfuerzo para darte cuenta de que Dios está presente en tu vida atento a tus intenciones, a tus deseos, a tus necesidades.

3. Acción de gracias:
Recuerda todos los beneficios que has recibido de Dios, especialmente los más cercanos y los más íntimos. Al recordar estos beneficios, brotará naturalmente dentro de ti el agradecimiento a Dios.

4. Análisis del cumplimiento de la voluntad de Dios en tu vida:
Lleva a cabo un examen de cómo has vivido desde la última confesión la voluntad de Dios. Debes ver los aspectos positivos y negativos, examinar actitudes internas y poner mucha atención a tus relaciones con Dios y con los demás. Para esto, puede resultar útil tener un cuestionario.

5. Petición de perdón: 
Ya que revisaste tu vida, vas a comparar tu conducta y tus actitudes con los beneficios que has recibido de Dios. Entonces te darás cuenta de que tu respuesta al amor de Dios es muy pobre y que no has llegado a lo que Dios te pide. Por eso, le pides perdón lleno de confianza, pues sabes que Él te perdonará. Dios siempre acoge gustoso nuestras buenas intenciones.

6. Propósito:  
Tienes que poner los medios para mejorar y acercarte más al plan de Dios sobre tu vida. El propósito es algo concreto que te ayuda a mejorar en aquello donde has visto que fallas más.

7. Petición de fuerzas: 
Ya que formulaste tu propósito, debes volver tu mirada a Dios y con mucha confianza pedirle que te ayude a mejorar pues eres débil, no podrías avanzar en tu camino hacia Dios, hacia la santidad, si Él no te ayuda.


Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net

Pasos para una buena confesión

Estos pasos expresan simplemente un camino hacia la conversión.


La Iglesia nos propone cinco pasos a seguir para hacer una buena confesión y aprovechar así al máximo las gracias de este maravilloso sacramento.

Estos pasos expresan simplemente un camino hacia la conversión, que va desde el análisis de nuestros actos, hasta la acción que demuestra el cambio que se ha realizado en nosotros.

1. Examen de Conciencia.
Ponernos ante Dios que nos ama y quiere ayudarnos. Analizar nuestra vida y abrir nuestro corazón sin engaños. Puedes ayudarte de una guía para hacerlo bien.

2. Arrepentimiento. Sentir un dolor verdadero de haber pecado porque hemos lastimado al que más nos quiere: Dios.

3. Propósito de no volver a pecar. Si verdaderamente amo, no puedo seguir lastimando al amado. De nada sirve confesarnos si no queremos mejorar. Podemos caer de nuevo por debilidad, pero lo importante es la lucha, no la caída.

4. Decir los pecados al confesor. El Sacerdote es un instrumento de Dios. Hagamos a un lado la “vergüenza” o el “orgullo” y abramos nuestra alma, seguros de que es Dios quien nos escucha.

5. Recibir la absolución y cumplir la penitencia. Es el momento más hermoso, pues recibimos el perdón de Dios. La penitencia es un acto sencillo que representa nuestra reparación por la falta que cometimos.



Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net

miércoles, 26 de mayo de 2010

Confesión

¿Qué efectos produce el pecado? 
Resumiendo lo que se dice en el tema sobre el pecado, los efectos del pecado son dos:
  • Inclinación de la voluntad hacia el mal cometido.
  • Alejamiento de Dios. Esta separación del Señor puede ser menor -pecados veniales o leves- o llegar a perder la vida sobrenatural y la gracia -pecados graves o mortales-. 
¿Ejemplos de pecados veniales o leves?  
Además de los actos graves realizados inadvertidamente, hay muchos ejemplos de pecados veniales: una mentira, algo de pereza, una falta de respeto o de caridad, murmuraciones o burlas, dejadez en las oraciones, excesos en la comida y en la comodidad, gastos superfluos, etc.

¿Ejemplos de pecados mortales o graves? 
Se comete pecado mortal cuando conscientemente se realizan actos gravemente malvados. Algunos ejemplos: insultar a Dios, faltar a la santa misa un domingo, cometer actos sexuales impuros, emborracharse o drogarse, etc.

¿Qué hacer para obtener el perdón divino? 
Para que el Señor perdone estas ofensas hay que realizar lo que el mismo Dios ha previsto. Precisamente para esto Jesucristo instituyó el sacramento de la confesión.

¿Basta confesarse a solas con Dios?  
Es bueno pedir perdón a Dios con frecuencia y el Señor puede perdonar los pecados como desee. Pero Él ha dicho que perdonará los pecados si el sacerdote los perdona y no lo hará en caso contrario: "A quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos" (Jn 20, 23).

¿Qué efectos produce el sacramento de la confesión? 
Los efectos de la confesión son variados y se relacionan directamente con los efectos del pecado:
  • Corrige la inclinación desviada de la voluntad.
  • Repara el distanciamiento respecto a Dios obteniendo su perdón.
  • Recupera la dignidad del alma disminuida por el pecado.
  • Da fuerzas para vencer en las próximas tentaciones.
  • En caso de pecados mortales, la confesión devuelve la gracia y la vida sobrenatural que se habían perdido, y abre de nuevo las puertas del cielo. 
Cómo confesarse bien? 
Para confesarse se busca un sacerdote y se pide su ayuda para hacerlo bien. Se comienza diciendo el tiempo aproximado que ha pasado desde la anterior confesión. Luego se manifiestan los pecados teniendo en cuenta que deben decirse todos los pecados mortales distinguiendo unos de otros y exponiendo el número de veces aproximado que se cometieron; por ejemplo: he faltado cinco domingos a misa, me he emborrachado dos veces, etc. De los pecados veniales no es necesario precisar el número; basta decir por ejemplo: he tenido pereza, me he enfadado,...

¿Alguna condición más? 
Se trata de pedir perdón a Dios y el requisito principal es estar arrepentido; en consecuencia, habrá intención firme de no volver a cometer esos pecados.

¿Si uno piensa que volverá a caer? 
Para confesarse no se requiere adivinar el futuro, sino en el presente tener la intención firme de no pecar.

¿Es posible confesarse sólo de unos pecados, sin arrepentirse de otros? 
Es preciso arrepentirse y manifestar todos los pecados mortales, pues uno solo impide la recepción de la gracia y la curación del alma. Si se trata de pecados veniales, no es necesario abarcar todos.

¿Qué hacer después de confesarse?  
Conviene dar muchas gracias a Dios por perdonarnos una vez más. Sin el sacramento de la confesión la vida sería triste y desesperada.

Fuente: http://www.ideasrapidas.org

martes, 16 de marzo de 2010

Descubre dentro de tu corazón la mirada de Dios


Es demasiado fácil dejar pasar el tiempo sin profundizar, sin volver al corazón. Pero cuando el tiempo pasa sobre nosotros sin profundizar en la propia vocación, sin descubrir y aceptar todas sus dimensiones, estamos quedándonos sin lo que realmente importa en la existencia: el corazón (entendido como nuestra facultad espiritual en la que se manejan todas las decisiones más importantes del hombre). El corazón es el encuentro del hombre consigo mismo.

“Volved a mí de todo corazón”. Son palabras de Dios en la Escritura. No podemos regresar auténticamente a Dios si no es desde el corazón, y tampoco podemos vivir si no es desde el corazón. Dios llama en el corazón, pero, en un mundo como el nuestro, en el cual tan fácilmente nos hemos olvidado de Dios, en un mundo sin corazón, a nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, nos cuesta llegar al corazón. Dios llama al corazón del hombre, a su parte más interior, a ese yo, único e irrepetible; ahí me llama Dios.

Yo puedo estar viviendo con un corazón alejado, con un corazón distraído en el más pleno sentido de la palabra. Y cuánto nos cuesta volver. Cuánto nos cuesta ver en cada uno de los eventos que suceden la mano de Dios. Cuánto nos cuesta ver en cada uno de los momentos de nuestra existencia la presencia reclamadora de Dios para que yo vuelva al corazón. El camino de vuelta es una ley de vida, es la lógica por la que todos pasamos. Y mientras no aprendamos a volver a la dimensión interior de nosotros mismos, no estaremos siendo las personas auténticas que debemos de ser.

Podría ser que estuviésemos a gusto en el torbellino que es la sociedad y que nuestro corazón se derramase en la vida de apariencia que es la vida social. Pero es bueno examinarse de vez en cuando para ver si realmente ya he aprendido a medir y a pesar las cosas según su dimensión interior, o si todavía el peso de la existencia está en las conveniencias o en las sonrisas plásticas.

¿Pertenezco yo a ese mundo sin corazón? ¿Pertenezco yo a ese mundo que no sabe encontrarse consigo mismo? Dios llama al corazón para que yo vuelva, para que yo aprenda a descubrir la importancia, la trascendencia que tiene en mi existencia esa dimensión interior. Estamos terminando la Cuaresma, se nos ha ido un año más de las manos, recordemos que es una ocasión especial para que el hombre se encuentre consigo mismo.

Curiosamente la Cuaresma no es muy reciente en la historia de la Iglesia, los apóstoles no la hacían. La Cuaresma viene del inicio de la vida monacal en la Iglesia, cuando los monjes empiezan a darse cuenta de que hay que prepararse para la llegada de Cristo. Todavía hoy día hay congregaciones que tienen dos Cuaresmas. Los carmelitas tienen una en Adviento, cuarenta días antes de Navidad, y tienen cuarenta días antes de Pascua, de alguna manera significando que a través de la Cuaresma el espíritu humano busca encontrarse con su Señor. Las dos Cuaresmas terminan en un particular encuentro con el Señor: la primera en el Nacimiento, en la Natividad, en la Epifanía, como dicen estrictamente hablando los griegos; y la segunda, en la Resurrección. Si en la primera manifestación vemos a Cristo según la carne; en la segunda manifestación vemos a Cristo resucitado, glorioso, en su divinidad.

De alguna manera, lo que nos está indicando este camino cuaresmal es que el hombre que quiera encontrarse con Dios tiene que encontrarse primero consigo mismo. No tiene que tener miedo a romper las caretas con las que hábilmente ha ido maquillando su existencia. El hombre tiene que aprender a descubrir dentro de su corazón la mirada de Dios.

Para este retorno es necesario crear una serie de condiciones. La primera de todas es ese aprender a ensanchar el espacio de nuestro espíritu para que pueda obrar en nuestro corazón el Espíritu Santo. Ensanchar nuestro espíritu a veces nos puede dar miedo. Ensanchar el corazón para que Dios entre en él con toda tranquilidad, no significa otra cosa sino aprender a romper todos los muros que en nosotros no dejan entrar a Dios.

¿Realmente nuestro espíritu está ensanchado? ¿Mi vida de oración realmente es vida y es oración? ¿Realmente en la oración soy una persona que se esfuerza? ¿Consigo yo que mi oración sea un momento en el que Dios llena mi alma con su presencia o a veces con su ausencia? Dios puede llenar el corazón con su presencia y hacernos sentir que estamos en el noveno cielo; pero también puede llenarlo con su ausencia, aplicando purificación y exigencia a nuestro corazón.

Cuando Dios llega con su ausencia a mi corazón, cuando me deja totalmente desbaratado, ¿qué pasa?, ¿Ensancho el corazón o lo cierro? Cuando la ausencia de Dios en mi corazón es una constante —no me refiero a la ausencia que viene del sueño, de la distracción, de la pereza, de la inconstancia, sino a la auténtica ausencia de Dios: cuando el hombre no encuentra, no sabe por dónde está Dios en su alma, no sabe por dónde está llegando Dios, no lo ve, no lo siente, no lo palpa—, ¿abrimos el espíritu?, ¿Seguimos ensanchando el corazón sabiendo que ahí está Dios ausente, purificando mi alma? O cuando por el contrario, en la oración me encuentro lleno de gozo espiritual, ¿me quedo en el medio, en el instrumento, o aprendo a llegar a Dios?
Cuando nuestra vida es tribulación o es alegría, cuando nuestra vida es gozo o es pena, cuando nuestra vida está llena de problemas o es de lo más sencilla, ¿sé encontrar a Dios, sé seguirle la pista a ese Dios que va abriendo espacio en el corazón y por eso me preocupo de interiorizar en mi vida? Uno podría pensar: ¿Cuál es mi problema hoy? ¿Hasta qué punto en este problema —un hijo enfermo, una dificultad con mi pareja, algún problema de mi hijo—, he visto el plan de Dios sobre mi vida?

Tenemos que experimentar la gracia de esta convicción, hay que ensanchar el corazón abriéndolo totalmente a la acción transformadora del Señor. Sin embargo, nunca tenemos que olvidar, que contra esta acción transformadora de Dios nuestro Señor hay un enemigo: el pecado. El pecado que es lo contrario a la Santidad de Dios. Y para que nos demos cuenta de esta gravedad, San Pablo nos dice: “Dios mismo, a quien no conoció el pecado, lo hizo pecado por nosotros”. Pero, mientras no entremos en nuestro corazón, no nos daremos cuenta de lo grave que es el pecado.

Cuando yo miro un crucifijo, ¿me inquieta el hecho de que Cristo en la cruz ha sido hecho pecado por mí, de que la mayor consecuencia del pecado es Cristo en la cruz? ¿Me ha dicho Dios: quieres ver qué es el pecado? Mira a mi Hijo clavado en la Cruz.

Cuando uno piensa en el hambre en el mundo; o cuando uno piensa que en cada equis tiempo muere un niño en el mundo por falta de alimento y por otro lado estamos viendo la cantidad de alimento que se tira, preguntémonos: ¿No es un pecado contra la humanidad nuestro despilfarro? No el vivir bien, no el tener comodidades, sino la inconsciencia con la que manejamos los bienes materiales. ¿Nos damos cuenta de lo grave que es y lo culpable que podemos llegar a ser por la muerte de estos hermanos?

¿Me doy cuenta de que cada persona que no vive en gracia de Dios es un muerto moral? ¿No nos apuran la cantidad de muertos que caminan por las calles de nuestras ciudades? Tengo que preguntarme: ¿Me preocupa la condición moral de la gente que está a mi cargo? No es cuestión de meterse en la vida de los demás, pero sí preguntarme: ¿Soy justo a nivel justicia social? ¿Me permito todavía el crimen tan grave que es la crítica? ¿Me doy cuenta de que una crítica mía puede ser motivo de un gravísimo pecado de caridad por parte de otra persona?

Siempre que pensemos en el pecado, no olvidemos que la auténtica imagen, el auténtico rostro donde se condensa toda la justicia, todo desamor, todo odio, todo rencor, toda despreocupación por el hombre, es la cruz de nuestro Señor.

El abandono que Cristo quiere sufrir, el grito del Gólgota: “¿Por qué me has abandonado?” pone ante nuestros ojos la verdadera medida del pecado. En Cristo esta medida es evidente por la desmesurada inmensidad de su amor. El grito: “¿Por qué me has abandonado?” es la expresión definitiva de esta medida. El amor con el que me ha amado, el amor que ama hasta el fin. ¿He descubierto esto y lo he hecho motivo de vida; o sólo motivo de lágrimas el Viernes Santo? ¿Lo he hecho motivo de compromiso, o sólo motivo de reflexión de un encuentro con Cristo? ¿Mi vida en el amor de Dios se encierra en ese grito: ¿“Por qué me has abandonado”?, que es el amor que ama hasta el último despojamiento que puede tener un alma?

En esta Cuaresma es necesario volver al interior, descubrir la llamada de Dios a la entrega y al compromiso, volver a la propia vocación cristiana en todas sus dimensiones. Y para lograrlo es necesario abrir primero nuestro espíritu a Dios y comprender la gravedad del pecado: del pecado de omisión, de indiferencia, de superficialidad, de ligereza. Es ineludible volver a la dimensión interior de nuestro espíritu, en definitiva, no ir caminando por la vida sin darnos cuenta que en nosotros hay un corazón que está esperando ensancharse con el amor de Dios.


Autor: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net

lunes, 15 de marzo de 2010

El pecado que no Tiene Perdón

"El que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón nunca, antes bien será reo de pecado eterno" (Mc 3,29; Cf. Mt 12:32; Lc 12:10).

¿Por qué la blasfemia contra el Espíritu Santo es imperdonable?
Porque se trata del rechazo radical a la gracia que Dios ofrece para la conversión. Según Santo Tomás de Aquino es un pecado “irremisible por su misma naturaleza porque excluye los elementos gracias a los cuales se concede la remisión de los pecados”.

La blasfemia contra el Espíritu Santo es presumir y reivindicar el “derecho” de perseverar en el mal. Es un rechazo a al perdón y a la redención que Cristo ofrece. La blasfemia contra el Espíritu Santo es la obstinación contra Dios llevada hasta el final. Es negarse deliberadamente a recibir la misericordia divina.

Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica en el # 1864:
No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios, mediante el arrepentimiento, rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo (Cf. DV 46). Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna.

El pecado contra el Espíritu Santo consiste, pues, en la negación de parte de la persona, a aceptar la salvación y el perdón dados por Dios. Cuando el corazón de una persona se obstina de tal manera que no acepta que necesita arrepentirse de sus pecados y se resiste a esta gracia, comete el pecado contra el Espíritu Santo el cual puede llevarlo al infierno. ¿Por qué? No porque la Iglesia y el Señor no puedan perdonarle, todo lo contrario, sino mas bien porque la persona misma, voluntariamente ha rechazado este perdón y salvación dadas por Dios.

Juan Pablo II en su Encíclica sobre el Espíritu Santo, Dominum et vivificantem 46-48, explica este pecado contra el Espíritu

"Esta blasfemia no consiste en el hecho de ofender con palabras al Espíritu Santo; consiste, más bien, en el rechazo de aceptar la salvación que Dios ofrece al hombre por medio del Espíritu Santo."

Mas adelante dice: "...consiste en el rechazo radical de aceptar esa remisión, de la que el mismo Espíritu Santo es el íntimo dispensador, y que presupone la verdadera conversión obrada por El en la conciencia" Si Jesús declara imperdonable este pecado es "porque esta no-remisión está unida, como a su causa, a la no-penitencia, es decir, al rechazo radical a convertirse."

Como nos lo explica el Papa, el pecado contra el Espíritu Santo consiste en la resistencia y el rechazo a la conversión. Es el Espíritu Santo el que nos convence del pecado ( Jn 16:8-9). Rechazar en nuestro corazón esta realidad y obstinarnos en el mal nos lleva a este pecado. Esta era la actitud de los fariseos, que se cerraron a la aceptación del plan divino para reconciliarse con los hombres.



Fuente: http://www.corazones.org