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miércoles, 11 de agosto de 2010

Santidad cotidiana para transformar el mundo, alienta el Papa Benedicto XVI

VATICANO, 11 Ago. 10 / 09:34 am (ACI) En su habitual catequesis de la audiencia general de este miércoles que presidió en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo ante unas cuatro mil personas, cupo máximo de este recinto, el Papa Benedicto XVI hizo una profunda reflexión sobre el martirio y como este acto constituye expresión total del amor a Dios. Esta entrega de muchos hermanos, explicó, constituye un gran aliciente para luchar por la santidad cotidiana que transforme al mundo.

El Santo Padre recordó al iniciar su catequesis a una serie de mártires de diversas épocas como San Lorenzo, del siglo III; San Ponciano, Papa, el sacerdote San Hipólito; y más recientemente a Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) y San Maximiliano Kolbe, quienes murieron por la fe durante la Segunda Guerra Mundial; a quienes la Iglesia recuerda en estos días.

"¿Dónde se funda el martirio? La respuesta es simple: en la muerte de Jesús, en su sacrificio supremo de amor, consumado en la Cruz para que pudiéramos tener vida. Cristo es el siervo sufriente del que habla el profeta Isaías, que se ha donado a sí mismo en rescate por muchos. Él exhorta a sus discípulos, a cada uno de nosotros, a tomar cada día la propia cruz y seguirlo en el camino del amor total a Dios Padre y a la humanidad", señaló el Papa.

Con la lógica del grano de trigo que muere en la tierra para dar fruto, continuó Benedicto XVI, "el mártir sigue al Señor hasta el final, aceptando libremente morir por la salvación del mundo, en una prueba suprema de fe y de amor".

La fuerza del martirio, dijo luego el Papa Benedicto, nace "de la profunda e íntima unión con Cristo, porque el martirio y la vocación al martirio no son el resultado de un esfuerzo humano, sino la respuesta a una iniciativa y a una llamada de Dios, son un don de Su gracia, que hace capaces de ofrecer la propia vida por amor a Cristo y a la Iglesia, y así al mundo".

"Si leemos –prosiguió– la vida de los mártires nos quedamos asombrados por la serenidad y el coraje de afrontar el sufrimiento y la muerte: la potencia de Dios se manifiesta plenamente en la debilidad, en la pobreza de quien se confía a Él y pone sólo en Él la propia esperanza".

Es importante subrayar, precisó el Santo Padre, "que la gracia de Dios no suprime o sofoca la libertad de quien afronta al martirio, sino que al contrario la enriquece y la exalta: el mártir es una persona sumamente libre, libre en relación al poder, al mundo, una persona libre, que en un único acto definitivo dona a Dios toda su vida, es un supremo acto de fe, de esperanza y de caridad, se abandona en las manos de su Creador y Redentor, sacrifica la propia vida para ser asociado en modo total al Sacrificio de Cristo en la Cruz".

"En una palabra, el martirio es un gran acto de amor en respuesta al inmenso amor de Dios", destacó.

Tras recordar que probablemente "no estemos llamados al martirio", el Papa advirtió que "ninguno de nosotros está excluido de la llamada divina a la santidad, a vivir en alta medida la existencia cristiana y esto implica tomar la cruz de cada día sobre sí".

Finalmente Benedicto XVI indicó que "todos, sobre todo en nuestro tiempo en el que parecen prevalecer el egoísmo y el individualismo, debemos asumir como primer y fundamental esfuerzo aquel de crecer cada día en un amor más grande a Dios y a los hermanos para transformar nuestra vida y transformar así también nuestro mundo".

En su saludo en español al final de la catequesis, el Santo Padre se dirigió de manera particular a "los grupos de fieles venidos de España, México y otros Países Latinoamericanos" y recordó que "Dios nos llama a todos a la santidad. Nos llama a seguir más de cerca de Cristo, esforzándonos en transformar este mundo con la fuerza del amor a Dios y a los hermanos".

"Fijándonos en el ejemplo de los santos y los mártires, pidamos al Señor que inflame nuestros corazones, para que seamos capaces de amar como Él nos ha amado. Que Dios os bendiga".



Fuente: ACI Prensa

lunes, 9 de agosto de 2010

Lógica del amor de Dios: Usar cosas sin egoísmo ni sed de dominio, recuerda Benedicto XVI

VATICANO, 08 Ago. 10 / 09:11 am (ACI) Al presidir este mediodía el rezo del Ángelus dominical (hora local) en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, el Papa Benedicto XVI explicó, a partir del Evangelio de hoy, que el cristiano debe vivir de acuerdo a la lógica de Dios, que es la lógica del amor que invita a usar las cosas sin egoísmo y sin "sed de dominio", viviendo la esperanza y la vigilancia ante la venida del Señor.

El Santo Padre señaló que el Evangelio de hoy "continua con el discurso de Jesús a sus discípulos sobre el valor de la persona a los ojos de Dios y la inutilidad de las preocupaciones terrenas. No se trata de un elogio al desinterés sino más bien de escuchar la invitación de Jesús: ‘Tranquilizaros, pequeño rebaño, porque es decisión de vuestro Padre reinar sobre vosotros’".

"Nuestro corazón se abre a una esperanza que ilumina y anima la existencia concreta: tenemos la certeza de que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que produce hechos que cambian la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza, vive diversamente, porque se le ha dado una vida nueva", dijo el Papa.

"Como leemos en la liturgia de este domingo, en la carta a los hebreos, Abraham ingresa con el corazón confiado en la esperanza que Dios le abre: la promesa de una tierra y de una descendencia numerosa y parte sin saber donde ir, confiando sólo en Dios".

Benedicto XVI explicó luego que "también Jesús, en el Evangelio de hoy a través de tres parábolas, ilustra como la espera en el cumplimiento de la ‘beata esperanza’ debe empujar aún más a una vida intensa, rica de obras buenas: ‘Vende lo que posees y dalo en limosna, haced bolsas que no envejecen, y tendrás un tesoro seguro en los cielos, donde el ladrón no llega y el gusano no consume’. Es una invitación a usar las cosas sin egoísmo, sin sed de posesión o de dominio, sino según la lógica de Dios, que es la lógica de la atención por el otro, la lógica del amor".

Seguidamente Benedicto XVI recordó algunos santos a quienes puso como ejemplo de esta manera de vivir la vida con esperanza y vigilancia: Santo Domingo de Guzmán, fundador de los dominicos a quien la Iglesia recuerda hoy; Santa Clara de Asís, fundadora de las Clarisas, a quien la Iglesia recordará el miércoles; San Lorenzo, diácono mártir del siglo III.

También se refirió a Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, y a San Maximiliano Kolbe, quienes se entregaron a Dios durante el complicado tiempo de la Segunda Guerra Mundial, "sin perder nunca de vista la esperanza, al Dios de la vida y el amor".

En su saludo en español el Papa dijo: "queridos hermanos: espera y vigilancia son dos características fundamentales de la vida cristiana, que está abierta a la eternidad.

En el evangelio de hoy, el Señor nos exhorta a estar vigilantes y en tensión anhelante y llena de amor ante su venida al fin de los tiempos. Que la participación frecuente en la Eucaristía, en la que Cristo viene cada día a nuestro encuentro, os ayude a intensificar vuestra fe, esperanza y caridad. Feliz domingo".

Fuente: ACI Prensa

lunes, 24 de mayo de 2010

“No hay Iglesia sin Pentecostés ni Pentecostés sin la Virgen"

Ciudad del Vaticano, 24 May. 10 (AICA) Tras haber celebrado la Santa Eucaristía en la Basílica de San Pedro en la Solemnidad de Pentecostés, Benedicto XVI rezó el Regina Caeli con miles de peregrinos que se dieron cita en la Plaza de San Pedro, y en sus palabras introductorias recordó la necesidad que tiene la Iglesia de las efusiones del Espíritu Santo para poder cumplir su misión de anunciar el Evangelio en todo el mundo.

En sus palabras antes de la oración, el Santo Padre indicó que cincuenta días después de la Pascua, celebramos la solemnidad de Pentecostés, en la que se recuerda la manifestación de la fuerza del Espíritu Santo, que en forma de viento y fuego descendió sobre los Apóstoles reunidos en el Cenáculo y los hizo capaces de predicar con valentía el Evangelio a todas las gentes.

El misterio de Pentecostés, que nosotros identificamos con aquel acontecimiento, verdadero ‘bautismo’ de la Iglesia, no se agota en él. La Iglesia, en efecto, vive constantemente de la efusión del Espíritu Santo, sin el cual agotaría las propias fuerzas, como a una barca de vela, a la que le faltara el viento.

Benedicto XVI también dijo que Pentecostés se renueva de modo particular en algunos momentos fuertes, sean locales como universales, sea en las pequeñas asambleas como en las grandes convocatorias. Y puso como ejemplo los Concilios, en los cuales se dieron sesiones gratificadas por especiales efusiones del Espíritu Santo, y citó de manera explícita el Concilio Vaticano II. El Papa también recordó el célebre encuentro de los movimientos eclesiales con el Venerable Juan Pablo II, celebrado en Pentecostés de 1998 en la Plaza de san Pedro.

Pero la Iglesia conoce innumerables “pentecostés” que vivifican a las comunidades locales: pensemos en las Liturgias, en particular aquellas vividas en momentos especiales para la vida de la comunidad, en las que la fuerza de Dios se percibió de modo evidente infundiendo en las almas alegría y entusiasmo. Pensemos en tantos encuentros de oración, en los que los jóvenes sienten claramente la llamada de Dios a enraizar sus vidas en su amor, consagrándose totalmente a Él.

“No hay Iglesia sin Pentecostés. Y quisiera añadir: no hay Pentecostés sin la Virgen María”, afirmó el Pontífice, señalando que así fue al comienzo, en el Cenáculo, donde los discípulos “perseveraban en la oración, en compañía de algunas mujeres, y de María la madre de Jesús, y de sus hermanos”, como lo relata el Libro de los Hechos de los Apóstoles. Y así es siempre, en todo lugar y tiempo, como sucedió en Fátima, hace pocos días, de lo que doy testimonio.

“¿Qué vivió aquella inmensa multitud en la explanada del Santuario, donde todos éramos un solo corazón y una sola alma, sino un renovado Pentecostés? En medio de nosotros estaba María, la Madre de Jesús. Y esta experiencia típica de los grandes santuarios marianos –Lourdes, Guadalupe, Pompeya, Loreto– o también de los más pequeños: donde quiera que los cristianos se reúnan en oración con María, el Señor dona su Espíritu.

Benedicto XVI finalizó sus palabras diciendo que también nosotros queremos estar espiritualmente unidos a la Madre de Cristo y de la Iglesia invocando con fe una renovada efusión del divino Paráclito. “La invocamos –dijo– por toda la Iglesia, en particular, en este Año Sacerdotal, por todos los ministros del Evangelio, para que el mensaje de la salvación sea anunciado a todas las gentes.
 
Fuente: AICA

viernes, 30 de abril de 2010

El Papa señala abusos en la celebración de la santa Misa

Ciudad del Vaticano, 30 Abr. 10 (AICA) La menor atención que a veces se presta al culto del Santísimo Sacramento es indicio y causa de oscurecimiento del sentido cristiano del misterio. Esto sucede cuando en la Santa Misa ya no aparece como preeminente y operante Jesús, sino una comunidad ocupada con muchas cosas en vez de estar en recogimiento y dejarse atraer a lo único necesario: su Señor, dijo el papa Benedicto XVI a los obispos de la Región Norte 2 del Brasil en visita ad límina, al advertirles contra las “ambigüedades” y “reduccionismos” que en ocasiones se producen en la celebración eucarística.

Tras una introducción, el Papa manifestó a los prelados la “preocupación del Sucesor de Pedro por todo lo que pueda ofuscar el punto más original de la fe católica: hoy Jesucristo continúa vivo y realmente presente en la hostia y en el cáliz consagrados”.

“Si en la liturgia no surgiese la figura de Cristo, que está en su principio y que está realmente presente para hacerla válida, ya no tendríamos la liturgia cristiana, toda dependiente del Señor y toda suspendida de su presencia creadora”.

Esta realidad, dijo el Papa, está “muy lejos de quienes, en nombre de la inculturación, caen en el sincretismo introduciendo ritos tomados de otras religiones o particularismos culturales en la celebración de la Santa Misa”.

Advirtió, especialmente, contra la reducción del “sacrificio” en mero “encuentro fraterno”, sin valor salvífico.
El misterio eucarístico es un “don demasiado grande para soportar ambigüedades y reducciones”, particularmente cuando, “despojado de su valor sacrificial, es vivido como si no tuviera otro sentido o no tuviera otro valor que el de un encuentro fraterno alrededor de la mesa”.

En el fondo de los motivos que aducen los defensores de esta postura, afirmó el Papa, está “una mentalidad incapaz de aceptar la posibilidad de una real intervención divina en este mundo en socorro del hombre”.

“La confesión de una intervención redentora de Dios” para cambiar la situación de alienación y de pecado en el hombre “es calificada, por quienes participan de la visión deísta, de integrista, y el mismo juicio se hace a propósito de un signo sacramental que hace presente el sacrificio redentor. Más aceptable, a sus ojos, sería la celebración de una señal que corresponda a un vago sentimiento de comunidad”.

Sin embargo, rebatió el Papa, el culto “no puede nacer de nuestra fantasía; sería un grito en la oscuridad o una simple autoafirmación”. “La verdadera liturgia supone que Dios responda y nos muestre cómo podemos adorarlo”, subrayó.

Sin embargo, aclaró, esta actitud de recepción ante el misterio de Dios “no significa volverse pasivo o desinteresarse de lo que allí acontece, sino cooperar porque nos volvemos capaces de actuar por la gracia de Dios”.

“Lo que en la Iglesia es humano -concluyó- se debe ordenar y subordinar a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación, y el presente a la ciudad futura que buscamos”.
 
Fuente. AICA

lunes, 5 de abril de 2010

Debemos ser mensajeros de la caridad de Cristo, dice el Pontífice

VATICANO, 05 Abr. 10 / 06:21 am (ACI) Este medio día el Papa Benedicto XVI rezó el Regina Coeli, la oración mariana que durante el tiempo de Pascua sustituye el Ángelus, desde la ventana de sus palacio apostólico en Castelgandolfo, ante cientos de peregrinos que se dieron cita, y a quienes el Papa recordó que los cristianos debemos ser mensajeros de la resurrección de Cristo, de su victoria sobre el mal y la muerte, portadores de su amor divino.

Tras recordar que el lunes tras el domingo de resurrección es tradicionalmente llamado “Lunes del Ángel”, el Papa hizo un recorrido de las narraciones evangélicas con la presencia de uno o más ángeles ante la resurrección del Cristo.

“Todos los Evangelistas –dijo el Papa- precisan que cuando las mujeres se dirigen al sepulcro y lo encuentran abierto y vacío, es un ángel quien les anuncia la Resurrección de Jesús”.

Más adelante explicó también que “el Ángel de la resurrección hace referencia a otro significado. Tenemos que recordar que el término ‘ángel’, además de definir a los Ángeles, creaturas espirituales dotadas de inteligencia y voluntad, servidores y mensajeros de Dios, es también uno de los títulos más antiguos que se atribuyen al mismo Jesús”.

“Por ejemplo dice Tertuliano: ‘Él –es decir Cristo- también ha sido llamado «ángel del consejo», es decir anunciador, un término que denota un oficio, no la naturaleza. En efecto, debía anunciar al mundo el gran designo del Padre para la restauración del hombres”, agregó.

Así mismo resaltó que “Jesucristo, el Hijo de Dios, es también llamado el Ángel de Dios Padre: Él es el Mensajero por excelencia de su amor. Queridos amigos, pensemos ahora en lo que Jesús resucitados dice a los Apóstoles: ‘Como el Padre me ha enviado, así envió yo a vosotros’. Esto quiere decir que, como Jesús ha sido anunciador del amor de Dios Padre, también nosotros lo debemos ser de la caridad de Cristo: somos mensajeros de su resurrección, de su victoria sobre el mal y la muerte, portadores de su amor divino”.

“Recibimos la misión de ángeles, mensajeros de Cristo, en el Bautismo y en la Confirmación. Y en modo especial mediante el sacramento del Orden los sacerdotes, ministros Cristo”, dijo también el Papa.

Finalmente el Papa pidió a la Virgen María nos “ayude a acoger plenamente la gracia del misterio pascual y a ser mensajeros valientes y alegres de la resurrección del Cristo”.

Seguidamente rezó el Regina Coeli, saludó a los presentes en diversos idiomas, e impartió su Bendición apostólica.



Fuente: ACI Prensa

lunes, 8 de marzo de 2010

Benedicto XVI presenta el retrato robot de una parroquia evangelizadora

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 7 de marzo de 2010 (ZENIT.org).- Una parroquia es una comunidad de cristianos comprometidos en anunciar a Jesucristo. Este es uno de los rasgos esenciales que trazó Benedicto XVI este domingo al presentar el perfil que debe caracterizar a una parroquia.

Lo presentó al visitar la comunidad parroquial de San Juan de la Cruz en Colle Salario, en el sector norte de la diócesis de Roma, que en el casco urbano congrega a unas tres mil familias.

Evangelizar

Tras saludar a muchos de los fieles que le esperaban a la puerta, el obispo de Roma ingresó en este templo de su diócesis en torno a las 9.30 de la mañana construido tras el año 2000 para presidir la Eucaristía y dejar un mensaje a cada uno de los presentes: "dejaos cada vez más implicar por el deseo de anunciar a todos el Evangelio de Jesucristo".

"No esperéis a que otros vengan a traeros otros mensajes, que no conducen a la vida, sino haceos vosotros mismos misioneros de Cristo a los hermanos, donde viven, trabajan, estudian o sólo transcurren el tiempo libre", recomendó a los fieles.

"Poned en marcha también aquí una pastoral vocacional capilar y orgánica, hecha de educación de las familias y de los jóvenes en la oración y en vivir la vida como un don que procede de Dios", subrayó.

Tres secretos para la evangelización

Para ello, el pontífice presentó presentó los tres secretos con los que cuenta toda comunidad parroquial: la Palabra de Dios, los sacramentos (en particular la Eucaristía dominical), y el servicio.

"Os exhorto ahora a hacer de esta Iglesia un lugar en el que se aprenda cada vez mejor a escuchar al Señor que nos habla en las Sagradas Escrituras. Que éstas sigan siendo siempre el centro vivificante de vuestra comunidad, para que se convierta en escuela continua de vida cristiana, de la que parte toda actividad pastoral", exhortó.

Evocando detalles de la vida parroquial sobre los que le ha informado el párroco, el pontífice añadió: "Sé que varios grupos de fieles se reúnen para rezar, formarse en la escuela del Evangelio, participar en los Sacramentos - sobre todo en la Penitencia y en la Eucaristía - y vivir esa dimensión esencial para la vida cristiana que es la caridad".

Por eso dirigió su agradecimiento a cuantos "contribuyen a hacer más vivas y participadas las celebraciones litúrgicas, y a cuantos, junto a la Caritas parroquial y al grupo de San Egidio, buscan salir al encuentro de las muchas exigencias del territorio, especialmente a las esperanzas de los más pobres y necesitados".

"Pienso finalmente en lo que estáis realizando admirablemente a favor de las familias, de la educación cristiana de los hijos y de cuantos participan en las actividades de la parroquia", añadió.

Apertura a los movimientos


Por último, el Papa dejó un consejo a esta parroquia: mantener su apertura a los movimientos y a las nuevas comunidades eclesiales, "madurando así una conciencia más amplia de Iglesia y experimentando nuevas formas de evangelización".

"Os exhorto a proseguir con valor en esta dirección, pero empeñándoos en implicar a todas las realidades presentes en un proyecto pastoral unitario".

En particular, subrayó, los laicos deben pasar de ser considerados como "colaboradores del clero" a ser reconocidos "como plenamente 'corresponsables' del ser y del actuar de la Iglesia, favoreciendo así la promoción de un laicado maduro y comprometido".


Fuente: Zenit

miércoles, 17 de febrero de 2010

Primer acto de justicia es reconocer el propio mal, dice el Papa en Miércoles de Ceniza

VATICANO, 17 Feb. 10 / 05:18 pm (ACI) En la Misa de Miércoles de Ceniza que presidió en la Basílica de Santa Sabina en Roma, el Papa Benedicto XVI explicó que el primer acto de justicia que toda persona debe realizar es "reconocer la propia iniquidad", para así comenzar su camino de conversión hacia Cristo, especialmente en este tiempo de Cuaresma.

Al iniciar su homilía, el Santo Padre resaltó que Dios tiene para el hombre "una indulgencia infinita, animada por una constante y universal voluntad de vida. En efecto, perdonar a alguien equivale a decirle: no quiero que mueras sino que vivas, por encima de todo quiero tu bien".

Ésta, continuó el Papa, es la "absoluta certeza que sostuvo a Jesús en sus cuarenta días en el desierto de Judea, luego del bautismo recibido de Juan en el Jordán. Aquel largo tiempo de silencio y ayuno fue para Él un abandonarse completamente al Padre y su designio de amor, fue eso mismo un ‘bautismo’, es decir una ‘inmersión’ en su voluntad, y en este sentido un anticipo de la Pasión y de la Cruz".

Tras explicar que Jesús vence las tentaciones del demonio con la fuerza del Amor en un puro acto de humildad, Benedicto XVI explicó que estos 40 días y su misma entrega en la cruz "los ha hecho para salvarnos, y al mismo tiempo para mostrarnos el camino por donde seguirlo. La salvación es un don, una gracia de Dios, pero para que tenga efecto en mi existencia exige mi asentimiento, una acogida que se muestre en los hechos, es decir en la voluntad de vivir como Jesús, de caminar tras Él".

El Papa dijo luego que en la Cuaresma los católicos necesitan renovar su compromiso de seguir siempre al Señor. "En esta perspectiva se comprende también el signo penitencial de las cenizas, que son impuestas en la cabeza de quienes comienzan con buena voluntad el itinerario cuaresmal. Es esencialmente un gesto de humildad, que significa: me reconozco por lo que soy, una criatura frágil, hecha de tierra y destinada a la tierra, pero hecha también a imagen de Dios y destinada a Él".

"Polvo, sí, pero amado, plasmado por su amor, animado por su soplo vital, capaz de reconocer su voz y responderle, libre, y por ello, capaz también de desobedecerle, cediendo a las tentaciones del orgullo y la autosuficiencia", dijo luego Benedicto XVI.

Al explicar que estas desobediencias tienen su origen en el pecado, el Santo Padre lo describió como "una enfermedad mortal que ingresa listo para inquinar la tierra bendita que es el ser humano".

"Creado a imagen del Santo y Justo, el hombre ha perdido la propia inocencia y ahora puede retornar a ser justo solo gracias a la justicia de Dios, la justicia del amor", agregó.

Al hablar sobre la justicia de Dios, tema de su mensaje para la Cuaresma 2010, el Pontífice subrayó que "el primer acto de justicia es reconocer la propia iniquidad y reconocer que está enraizada en el ‘corazón’, en el centro mismo de la persona humana. Los ‘ayunos’, los ‘llantos’, los ‘lamentos’ y toda expresión penitencial tienen valor a los ojos de Dios solo sin son signos de corazones sinceramente arrepentidos".

Al hablar luego de la segunda lectura, Benedicto XVI recuerda que San Pablo invita a la reconciliación por medio de Cristo, a quien el Señor "lo hizo pecado en favor nuestro, para que podamos llegar a ser justicia de Dios". Seguidamente recordó un pasaje de su mensaje por Cuaresma: "Gracias a la acción de Cristo, podemos entrar en la ‘justicia más grande’, la del amor".

Finalmente el Santo Padre resaltó que "la Cuaresma alarga nuestro horizonte, nos orienta hacia la vida eterna. En esta tierra estamos en un peregrinaje, no tenemos una ciudad estable, pero caminamos buscando aquella futura de la que habla la carta a los hebreos. La Cuaresma hace comprender lo relativo de los bienes de esta tierra y así nos hace capaces para las necesarias renuncias, libres para hacer el bien. Abramos la tierra para la luz del cielo, para la presencia de Dios en medio de nosotros".



Fuente: ACI Prensa

Cuaresma es camino de conversión, recuerda el Papa

Ciudad del Vaticano, 17 Feb. 10 (AICA) "Iniciamos hoy, Miércoles de Ceniza, el camino cuaresmal, que dura cuarenta días y que nos conduce a la alegría de la Pascua del Señor", dijo el Papa al inicio de la catequesis de la audiencia general de hoy, celebrada en el Aula Pablo VI.

Al recordar la fórmula "conviértanse y crean en el Evangelio", el Santo Padre afirmó que "convertirse significa cambiar dirección en el camino de la vida. Es ir contracorriente, donde la ‘corriente’ es el estilo de vida superficial, incoherente e ilusoria, que a menudo nos arrastra, nos domina y nos hace esclavos del mal o prisioneros de la mediocridad moral. Sin embargo, con la conversión se tiende a la medida más alta de la vida cristiana, se confía en el Evangelio vivo y personal, que es Jesucristo. Su persona es la meta final y el sentido profundo de la conversión, es el camino por el que todos estamos llamados a caminar en la vida, dejándonos iluminar por su luz y sostener por su fuerza que mueve nuestros pasos".

"El ‘conviértanse y crean en el Evangelio’ no está solo en el inicio de la vida cristiana, sino que acompaña todos sus pasos, se renueva y difunde en todas sus expresiones. Cada día es momento favorable y de gracia, también cuando no faltan las dificultades y la fatiga, las caídas, cuando tenemos la tentación de abandonar el camino del seguimiento de Cristo y de cerrarnos en nosotros mismos, en nuestro egoísmo, sin darnos cuenta de la necesidad que tenemos de abrirnos al amor de Dios en Cristo, para vivir la misma lógica de justicia y de amor".

Benedicto XVI subrayó que "frente al miedo innato del fin, y sobre todo en el contexto de una cultura que tiende en tantos modos a censurar la realidad y la experiencia humana de la muerte, la liturgia cuaresmal nos recuerda, por un lado, la muerte, invitándonos al realismo y a la sabiduría, pero por otro, nos impulsa sobre todo a acoger y a vivir la novedad inesperada que la fe cristiana desvela en la realidad de la misma muerte".

"El ser humano -continuó- es polvo y al polvo volverá, pero es polvo precioso a los ojos de Dios, porque El ha creado al hombre destinándolo a la inmortalidad. También el Señor Jesús quiso compartir libremente con cada hombre la fragilidad, en particular a través de su muerte en la cruz; pero precisamente esta muerte, llena de su amor por el Padre y por la humanidad, ha sido la vía para la resurrección gloriosa, por medio de la cual Cristo se ha convertido en fuente de una gracia dada a cuantos creen en El y participan de su misma vida divina".

El Papa puso de relieve que la imposición de la ceniza "es una invitación a recorrer el tiempo de Cuaresma como una inmersión más consciente y más intensa en el misterio pascual de Jesús, en su muerte y resurrección, mediante la participación en la Eucaristía y en la vida de caridad, que nace de la Eucaristía y en la que halla su cumplimiento. Con la imposición de la ceniza -concluyó- renovamos nuestro compromiso de seguir a Jesús, dejándonos transformar por su misterio pascual, para vencer el mal y hacer el bien, para hacer morir a nuestro "hombre viejo" ligado al pecado y hacer nacer al "hombre nuevo" transformado por la gracia de Dios".+

Fuente: IACA

lunes, 15 de febrero de 2010

La revolución traída por Cristo es la revolución del amor


VATICANO, 14 Feb. 10 / 08:00 am (ACI) Miles de fieles y peregrinos se dieron cita al medio día en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus dominical con el Papa Benedicto XVI, quien al introducir la oración mariana recordó que la verdadera "revolución" necesaria para el ser humano es aquella traída por Cristo: la revolución del amor y basada sobre su Cruz y su Resurrección.

“El año litúrgico es un gran camino de fe que la Iglesia realiza siempre presidida por la Virgen Madre María”, dijo el Pontífice, al meditar sobre el pasaje de las bienaventuranzas.

El Santo Padre recordó que éstas “se basan en el hecho de la existencia de la justicia divina que eleva a quien ha sido humillado y abaja a quien es exaltado”.

“Esta justicia y esta bienaventuranza se realizan en el Reino de los Cielos que tendrá su realización al final de los tiempos pero que ya se manifiesta en nuestra historia. Ahí donde los pobres son consolados ahí se manifiesta la justicia de Dios.

"Es esta la tarea que los discípulos del Señor están llamados a realizar en la sociedad actual”, continuó el Papa.

Más adelante recordó el Mensaje para la Cuaresma de este año, dedicado al tema de la justicia. “El Evangelio de Cristo –dijo- responde positivamente a la sed de justicia del hombre, pero en modo inesperado y sorprendente".

"Jesús no propone una revolución de tipo social y político, sino la revolución del amor, que ya ha realizado con su Cruz y con su Resurrección”.

Finalmente el Santo Padre invitó a dirigirse a María, dejándose guiar por Ella “en el camino de la Cuaresma, para ser liberados de la ilusión de la autosuficiencia, reconocer que tenemos la necesidad de Dios, de su misericordia, y entrar así en su Reino de justicia, de amor y de paz”.

Horas antes, a las 10:00 a.m. -hora de Roma- el Pontífice visitó el hospicio para indigentes "Don Luigi Di Liegro", ubicado cerca de la estación de tren "Termini" de Roma; donde recordó que la Iglesia descubre en cada uno de los necesitados "el rostro de Cristo".



Fuente: ACIPrensa