viernes, 30 de septiembre de 2011

Benedicto XVI: Enseñanos a orar IX

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

Castelgandolfo
Miércoles 10 de agosto de 2011


El hombre en oración (9)

El “oasis” del espíritu

Queridos hermanos y hermanas:

En cada época, hombres y mujeres que consagraron su vida a Dios en la oración —como los monjes y las monjas— establecieron sus comunidades en lugares particularmente bellos, en el campo, sobre las colinas, en los valles de las montañas, a la orilla de lagos o del mar, o incluso en pequeñas islas. Estos lugares unen dos elementos muy importantes para la vida contemplativa: la belleza de la creación, que remite a la belleza del Creador, y el silencio, garantizado por la lejanía respecto a las ciudades y a las grandes vías de comunicación.

El silencio es la condición ambiental que mejor favorece el recogimiento, la escucha de Dios y la meditación. Ya el hecho mismo de gustar el silencio, de dejarse, por decirlo así, «llenar» del silencio, nos predispone a la oración. El gran profeta Elías, sobre el monte Horeb —es decir, el Sinaí— presencia un huracán, luego un terremoto, y, por último, relámpagos de fuego, pero no reconoce en ellos la voz de Dios; la reconoce, en cambio, en una brisa suave (cf. 1 R 19, 11-13). Dios habla en el silencio, pero es necesario saberlo escuchar. Por eso los monasterios son oasis en los que Dios habla a la humanidad; y en ellos se encuentra el claustro, lugar simbólico, porque es un espacio cerrado, pero abierto hacia el cielo.

Mañana, queridos amigos, haremos memoria de santa Clara de Asís. Por ello me complace recordar uno de estos «oasis» del espíritu apreciado de manera especial por la familia franciscana y por todos los cristianos: el pequeño convento de San Damián, situado un poco más abajo de la ciudad de Asís, en medio de los olivos que descienden hacia Santa María de los Ángeles. Junto a esta pequeña iglesia, que san Francisco restauró después de su conversión, Clara y las primeras compañeras establecieron su comunidad, viviendo de la oración y de pequeños trabajos. Se llamaban las «Hermanas pobres», y su «forma de vida» era la misma que llevaban los Frailes Menores: «Observar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo» (Regla de santa Clara, I, 2), conservando la unión de la caridad recíproca (cf. ib., X, 7) y observando en particular la pobreza y la humildad vividas por Jesús y por su santísima Madre (cf. ib., XII, 13).

El silencio y la belleza del lugar donde vive la comunidad monástica —belleza sencilla y austera— constituyen como un reflejo de la armonía espiritual que la comunidad misma intenta realizar. El mundo está lleno de estos oasis del espíritu, algunos muy antiguos, sobre todo en Europa, otros recientes, otros restaurados por nuevas comunidades. Mirando las cosas desde una perspectiva espiritual, estos lugares del espíritu son la estructura fundamental del mundo. Y no es casualidad que muchas personas, especialmente en los períodos de descanso, visiten estos lugares y se detengan en ellos durante algunos días: ¡también el alma, gracias a Dios, tiene sus exigencias!

Recordemos, por tanto, a santa Clara. Pero recordemos también a otras figuras de santos que nos hablan de la importancia de dirigir la mirada a las «cosas del cielo», como santa Edith Stein, Teresa Benedicta de la Cruz, carmelita, copatrona de Europa, que celebramos ayer. Y hoy, 10 de agosto, no podemos olvidar a san Lorenzo, diácono y mártir, con una felicitación especial a los romanos, que desde siempre lo veneran como uno de sus patronos. Por último, dirijamos nuestra mirada a la santísima Virgen María, para que nos enseñe a amar el silencio y la oración.


Fuente: www.vatican.va

martes, 27 de septiembre de 2011

Aliento del Papa hacia la unidad con los ortodoxos

Benedicto XVI en Friburgo, Alemania.
Friburgo (Alemania) , 25 Set. 11 (AICA) Benedicto XVI llegó a la ciudad de Friburgo, enclave en plena Selva Negra y conocido por su oposición a la Reforma protestante, convirtiéndose así en un importante bastión católico en la Región del Alto Rhin.

En la iglesia catedral dedicada a Nuestra Señora, el Santo Padre adoró al Santísimo Sacramento, rezó el Angelus y saludó a un grupo de religiosos y religiosas de la Región, así como a algunos enfermos. Luego, Benedicto XVI, a la salida de la catedral, saludó a la población reunida en la Plaza, y manifestó su alegría por estar con ellos en Friburgo.

Tras el encuentro con la ciudadanía de Friburgo, el Santo Padre se trasladó a su residencia, el Seminario arzobispal de Friburgo, donde mantuvo un encuentro protocolar y a puerta cerrada con el ex canciller alemán Helmut Kohl, y su esposa.

Kohl, un convencido europeísta y artífice de la reunificación alemana, iniciada con la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 y formalmente concluida el 3 de octubre de 1990, fue canciller federal de la Alemania reunificada hasta 1998.

Luego, en el mismo seminario arzobispal de Friburgo, el Papa mantuvo un encuentro con 15 representantes de las Iglesias Ortodoxas y Ortodoxas Orientales. “Un encuentro ‘amistoso’, dijo el Pontífice, con la Ortodoxia, la Comunidad cristiana teológicamente más cercana a nosotros”.

Actualmente, en Alemania, viven aproximadamente un millón seiscientos mil cristianos ortodoxos y ortodoxos orientales. Entre los temas de diálogo con los ortodoxos, Benedicto XVI subrayó el del Primado del Papa.

"Es igualmente importante continuar el trabajo para aclarar las diferencias teológicas, porque su superación es indispensable para el restablecimiento de la plena unidad, que deseamos y por la que oramos. Hemos de continuar nuestros esfuerzos de diálogo en la cuestión del primado, para su justa comprensión”.

“Aquí las reflexiones acerca del discernimiento entre la naturaleza y la forma del ejercicio del primado, como lo hizo Juan Pablo II en la encíclica “Ut unum sint”, pueden darnos aún impulsos fructuosos".

El Papa dijo estar “contento” de los resultados obtenidos de este diálogo, que hace crecer la recíproca comprensión y el acercamiento mutuo.

Benedicto XVI auguró, en su discurso, que aumente la comunión interna en la Ortodoxia, y que se pueda celebrar el Concilio panortodoxo, pendiente desde hace casi cien años.

Este Concilio, que aún no tiene fecha prevista, fue anunciado en junio de 2010 por el Patriarca de Constantinopla, Bartolomé I, y reuniría a todas las ramas de la Ortodoxia.

Actualmente, -según una información de la agencia Zenit-, los trabajos de preparación del Concilio se encuentran en un cierto stand-by por falta de acuerdo, especialmente entre el Patriarcado de Constantinopla y el de Moscú, sobre la cuestión de la autocefalía.

Estas palabras de aliento del Papa son importantes, pues la Santa Sede considera que la celebración de este Concilio supondría un paso muy importante en el camino hacia la unidad de los cristianos.

En este sentido, consideró muy positiva la fundación de las Conferencias Episcopales Ortodoxas, allí donde estas Iglesias se encuentran en la diáspora, subrayando su alegría de que “también en Alemania el año pasado se haya dado dicho paso”.

“Que las experiencias que se viven en estas Conferencias Episcopales refuercen la unión entre las Iglesias ortodoxas y hagan avanzar los esfuerzos en favor de un concilio panortodoxo”, auguró el Papa.

“Repito lo que ya he dicho en otras ocasiones: entre las Iglesias y las comunidades cristianas, teológicamente, la Ortodoxia es la más cercana a nosotros; católicos y ortodoxos poseen la misma estructura de la Iglesia de los orígenes. Por ello, podemos esperar que no esté muy lejano el día en que de nuevo podamos celebrar juntos la Eucaristía”, añadió.

Compromiso común de los cristianos a favor de la vida
"En la actual tendencia de nuestro tiempo, en que son bastantes los que quieren, por así decir, “liberar” de Dios a la vida pública, las Iglesias cristianas en Alemania, entre las cuales están también los cristianos ortodoxos y ortodoxos orientales, fundado en la fe en el único Dios y Padre de todos los hombres, caminan juntas por la senda de un testimonio pacífico para la comprensión y la comunión entre los pueblos".

La fe en Dios, creador de la vida, y el permanecer absolutamente fieles a la dignidad de cada persona -afirmó el Santo Padre- fortalece a los cristianos para oponerse con ardor a cualquier intervención que manipule y seleccione la vida humana.

"Por otra parte, conociendo como cristianos el valor del matrimonio y de la familia, nos preocupa, porque es importante, preservar de toda interpretación errónea la integridad y la singularidad del matrimonio entre un hombre y una mujer. En este sentido, el compromiso común de los cristianos, entre los que se encuentran numerosos fieles ortodoxos y ortodoxos orientales, ofrece una contribución valiosa a la edificación de una sociedad con futuro, en la cual se dé el debido respeto a la persona humana".
 
 
Fuente: AICA

martes, 20 de septiembre de 2011

¿Cómo sabemos si estamos verdaderamente en gracia?

Como explica Santo Tomás, el conocimiento del estado de gracia (es decir, de que nosotros poseemos la gracia santificante) puede darse de dos maneras diversas:

- O por revelación, lo cual, evidentemente, es un privile­gio particular dado a pocos.

- O por conjetura, es decir, a través de algunos signos. Y tal es el modo ordinario para alcanzar el cono­cimien­to de la gracia.

Dice el Catecismo: 'La gracia, siendo de orden sobrenatural, escapa a nuestra experiencia y sólo puede ser conocida por la fe. Por tanto, no podemos fundarnos en nuestros sentimientos o nuestras obras para deducir de ellos que estamos justificados y salvados. Sin embargo, según las palabras del Señor: 'Por sus frutos los conoceréis' (Mt 7,20), la consideración de los beneficios de Dios en nuestra vida y en la vida de los santos nos ofrece una garantía de que la gracia está actuando en nosotros y nos incita a una fe cada vez mayor y a una actitud de pobreza llena de confianza' (Catecismo, n. 2005)

En cuanto a los signos que nos permiten conjeturar el estado del alma, tres principales nos orientan sobre el estado de gracia:

a) El testimonio de la buena conciencia, que entra­ña: el no tener conciencia de pecado mortal; el dolor sincero de los pecados cometidos; el propósito de enmienda y el horror al pecado; el cumplimiento de los preceptos divinos; la victo­ria en las tentaciones; el amor a las virtudes y el esfuerzo por el evitar el pecado venial.

b) El deleite en las cosas divinas, es decir: el gusto por los libros santos y por la Palabra de Dios; la devoción a la Eucaristía y a la Virgen; la frecuencia de los sacramentos y la oración mental.

c) El desprecio de las cosas mundanas, que supone: no tener apego a las cosas de la tierra, el no sentir gusto en las vanidades del mundo; el huir de las ocasiones del pecado.

Sin embargo, estos signos no nos dan más que una conjetura, por eso, la Escritura nos exhorta a la vigilancia, a la perseverancia, a la oración y confianza en Dios y al esfuerzo continuo en la obra de la santificación:

-Eccl 5,5: Aun del pecado expiado no vivas sin temor, y no añadas pecados a pecados.

-Prov 20,9: ¿Quién puede decir: He limpiado mi corazón, estoy limpio de pecado?

-Sal 18.13: ¿Quién podrá conocer sus pecados? Absuélveme de los que se me oculta.

-1 Cor 4,4: Estoy cierto de que de nada me arguye la conciencia, mas no por eso me creo justificado; quien me juzga es el Señor.
 
 
Fuente: http://www.teologoresponde.com.ar

jueves, 15 de septiembre de 2011

Enséñame Señor a despertar una sonrisa para ti



Señor, quiero dejar brotar
una sonrisa para ti, y entregarme
a la vida con esperanza, porque también hoy
estaremos juntos. Estarás conmigo,
Señor, caminando este día.

Con tu amistad yo puedo enfrentar
todo lo que venga, podré ver en todo
una oportunidad, un sueño, un desafío.

Escucho tu invitación a la vida,
y quiero decirte que sí, Señor.
Aunque he vivido muchos días grises,
llenos de fracaso, hoy quiero intentarlo
una vez más.

Porque todo lo que me sucede puede ser
transformado por tu amistad.

Dame la gracia de reconocerte a mi lado,
ya que si me ayudas a verte a mi lado,
hoy será un buen día.

Enséñame a despertar esta sonrisa para ti.

Vamos, Jesús, empecemos este día,
porque contigo todo es diferente. Amén
 
 

Fuente: http://www.rcc.org.ar/