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miércoles, 7 de diciembre de 2011

El poder de la sonrisa

¿Será la sonrisa un símbolo de alegría?, ¿y la alegría es capaz de transformarlo todo?, ¿tú, qué dices? yo digo que sí. Es como un tesoro inacabable que mientras más da, más se llena.

Quien muestra una sonrisa, transpira alegría, atrae y nunca deja las cosas igual. Todos queremos, es más, buscamos estar con quien nos anima y estimula, buscamos a las personas alegres y que siempre tienen en su rostro una sonrisa. Puede ser que la vida nos trate mal, pero el estar con personas alegres es siempre un descanso en la montaña de la vida. Y cuando esas personas se apartan, dejan un hueco profundo en el alma y se van de la historia dejando en herencia un mundo mejor.

Basta una leve sonrisa en tus labios para levantar el corazón, para mantener el buen humor, para conservar la paz del alma, para ayudar a la salud, para embellecer la cara, para despertar buenos pensamientos, para inspirar generosas obras. Enséñate a sonreír, estudia la maestría de la sonrisa y demuéstrale a los sabios e intelectuales de este mundo, que aquí está el verdadero arte de vivir, el verdadero arte de ser feliz, en definitiva, la presencia de Dios en tu alma.

Sonríete hasta que notes que tu constante seriedad y severidad se hayan desvanecido. Sonríete hasta entibiar tu propio corazón con ese rayo de sol; irradia tu sonrisa: esa sonrisa tiene muchos trabajos que hacer, ponla al servicio de Dios. ¿Porqué no convertirte en apóstol de la sonrisa ahora? la sonrisa es tu instrumento, la caña para pescar almas y hacerlas felices. Santificando la gracia que habita en tí, te dará el encanto especial que necesitas para transmitir a los otros ese bien.

Sonríe a los tristes.
Sonríe a los tímidos.
Sonríe a los amigos.
Sonríe a los jóvenes.
Sonríe a los ancianos.
Sonríe a tu familia.
Sonríe en tus penas.
Sonríe en tus pruebas.
Sonríe en tus soledades.
Sonríe por amor a Jesús.
Sonríe por amor a las almas.

Deja que todos se alegren con la simpatía y belleza de tu cara sonriente. Cuenta, si puedes, el número de sonrisas que has distribuído entre los demás cada día; su número te indicará cuántas veces has promovido contento alegría, satisfacción, ánimo o confianza en el corazón de los demás. Estas buenas disposiciones siempre son el principio de obras generosas y actos nobles. La influencia de tu sonrisa obra maravillas que tú ignoras.

Tu sonrisa puede llevar esperanza y abrir horizontes a los agobiados, a los deprimidos, a los descorazonados, a los oprimidos y a los desesperados. Tu sonrisa puede ser el camino para llevar las almas a la Fe. Tu sonrisa puede ser el primer paso que lleve al pecador hacia Dios. También sonríele a Dios. Sonríe a Dios mientras aceptas con amor todo lo que Él te manda y merecerás la radiante sonrisa que Cristo fija en tí con especial amor por toda la eternidad.

“Sufrir con amor es delicioso, pero sonreír en el sufrimiento es el arte supremo del amor. Sonreír en el sufrimiento, es cubrir con pétalos vistosos y perfumados las espinas de la vida, para que los demás sólo vean lo que agrada, y Dios, que ve en lo profundo, anote lo que nos va a recompensar”.



Autor: P. Dennis Doren L.C. | Fuente: Catholic.net

jueves, 15 de septiembre de 2011

Enséñame Señor a despertar una sonrisa para ti



Señor, quiero dejar brotar
una sonrisa para ti, y entregarme
a la vida con esperanza, porque también hoy
estaremos juntos. Estarás conmigo,
Señor, caminando este día.

Con tu amistad yo puedo enfrentar
todo lo que venga, podré ver en todo
una oportunidad, un sueño, un desafío.

Escucho tu invitación a la vida,
y quiero decirte que sí, Señor.
Aunque he vivido muchos días grises,
llenos de fracaso, hoy quiero intentarlo
una vez más.

Porque todo lo que me sucede puede ser
transformado por tu amistad.

Dame la gracia de reconocerte a mi lado,
ya que si me ayudas a verte a mi lado,
hoy será un buen día.

Enséñame a despertar esta sonrisa para ti.

Vamos, Jesús, empecemos este día,
porque contigo todo es diferente. Amén
 
 

Fuente: http://www.rcc.org.ar/ 

lunes, 5 de abril de 2010

Fiesta grande en los cielos

Porque en este día tú y yo podemos decir sí al amor y a la misericordia, podemos permitir a Dios que nos perdone.

Hay fiesta grande en los cielos. Los querubines, los serafines, los principados, las potestades, los ángeles de primera y de segunda fila, los arcángeles: todos cantan, danzan, gritan de alegría.

Porque un esposo infiel ha pedido perdón a su esposa. Y porque la esposa lo ha perdonado.

Porque un banquero honesto ha resistido a un soborno. Y porque un banquero deshonesto ha perdonado deudas injustas y ha repartido su dinero entre los pobres.

Porque un hijo caprichoso ha empezado a obedecer a sus padre. Y porque sus padres han aprendido que se logra más con el cariño que con la ira.

Porque un obrero holgazán ha pedido perdón a su jefe y ha empezado a trabajar en serio. Y porque su jefe ha empezado a darle un salario justo y a tratarlo verdaderamente como a hermano.

Porque un sacerdote tibio ha tirado por la ventana su egoísmo. Y porque un sacerdote anciano sigue dando en su parroquia consejos, homilías y reprimendas llenas de cariño.

Porque un médico ha decidido no abortar nunca más a ningún hijo, a pesar del riesgo de arruinar su carrera. Y porque otro médico rechazó ofertas desleales de una compañía farmacéutica y decidió no recetar nunca medicinas inútiles.

Porque un político perdió su cargo por ser fiel a la conciencia. Y porque otro político se atrevió a reconocer sus mentiras y afrontó una vida de aparente fracaso público y de verdadera victoria ética.

Porque un ateo superó sus prejuicios y sintió, como nunca, la existencia de un Dios cercano y bueno. Y porque un creyente no tuvo miedo de ser puesto en ridículo y comunicó con su alegría y su amor auténtico la belleza de vivir como católico.

Porque en este día tú y yo podemos decir sí al amor y a la misericordia, podemos permitir a Dios que nos perdone, y podemos perdonar también nosotros a quien nos deba algo.

Hay fiesta grande en los cielos. Sobre todo, porque el Padre nos ofrece continuamente a su Hijo, nos envía el Espíritu Santo, y tiene a su lado a una Virgen nazarena que supo decir siempre sí al amor y a la esperanza.

Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net

lunes, 18 de enero de 2010

¿Por qué no ayunan?

Marcos 2, 18-22:

En aquel tiempo los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos.


Reflexión:
Cristo nos llama a la alegría. A una alegría profunda, nacida desde la paz del alma. Él nos lo dijo claramente: “¿Cómo pueden ayunar los invitados a la boda mientras están con el esposo?” Si realmente Jesucristo habita en nuestra alma a través de la gracia, ¿Cómo podemos mantenernos tristes o acongojados?

Él vive en nuestra alma. Y aquí se nos presenta uno de los misterios más hermosos de nuestra fe: Dios vive realmente en medio de nosotros en la Eucaristía y dentro de nosotros por la gracia. Por lo tanto, fuera las angustias, porque Dios es paz; fuera el desaliento, porque Dios es esperanza; fuera la desazón, porque Dios es consuelo. Habrá dificultades, sí, y muy fuertes, pero cuando Él vive en nosotros nunca se pierde la paz interior del alma. Aunque la sensibilidad sufra.

Jesús nos conoce y sabe que vendrán días en que posiblemente le dejemos por el pecado. Por eso nos dice qué hacer. Nos aconseja el ayuno, es decir, la abnegación. Pero no quiere que suframos porque sí. El sacrificio es sólo un medio para llegar al Fin. Un medio de purificación para llegar a Dios, para volver a recuperar al divino Huésped de nuestra alma, que es la Paz y la Felicidad.

El fin es maravilloso; el camino, claro. ¿Qué esperamos para recorrerlo?


Autor: Óscar Pérez Lomán | Fuente: Catholic.net