lunes, 15 de febrero de 2010

El valor de la vida está por encima de falsos criterios "prácticos" recuerda el Papa

VATICANO, 13 Feb. 10 / 09:47 am (ACI) Al dirigirse este sábado a los miembros de la Pontificia Academia para la Vida, el Papa Benedicto XVI recordó que las legislaciones no pueden inspirarse en aparentes criterios "prácticos", sino en el intrínseco valor de la vida humana, al momento de legislar sobre temas relacionados con la vida.

“De hecho, desde el primer instante, la vida del hombre se caracteriza por ser vida humana, y por este motivo posee siempre, en todo lugar, y a pesar de todo, dignidad propia. De otro modo estaríamos siempre ante la presencia del peligro de un uso instrumental de la ciencia, con la inevitable consecuencia de caer fácilmente en la arbitrariedad, en la discriminación, y en el interés económico del más fuerte”, advirtió el Pontífice, al hablar a los miembros de la Academia Pontificia, que este año reflexiona sobre la relación entre bioética y ley moral natural.

“Precisamente -prosiguió el Pontífice- el reconocimiento de la dignidad humana, en cuanto derecho inalienable, encuentra su primer fundamento en esa ley no escrita por el hombre, sino inscrita por Dios Creador en el corazón del hombre que todo ordenamiento jurídico está llamado a reconocer como inviolable, y toda persona está llamada a respetar y promover”.

El Santo Padre destacó luego la necesidad de repetir con firmeza, que “no existe una comprensión de la dignidad humana ligada sólo a elementos externos como el progreso de la ciencia, la gradualidad en la formación de la vida humana, o la piedad fácil ante situaciones límites”; y señaló, frente a la existencia de muchos criterios supuestamente "práctico" o de falsa "compasión", que lleva a la aprobación de leyes como la legalización de la eutanasia, que “cuando se invoque el respeto por la dignidad de la persona, es fundamental que éste sea pleno”.

Benedicto XVI destacó luego la existencia de las graves contradicciones que existen hoy sobre la comprensión de la vida humana, que están llevando a un "naufragio relativista", como lo demuestra la historia; y explicó que la ley moral natural permita eliminar este peligro y sobre todo, “ofrecer a los legisladores la garantía de un auténtico respeto de la persona.”

“Ilustres miembros de la Pontificia Academia para la Vida, en el contexto actual vuestro compromiso se vuelve siempre más delicado y difícil, pero la creciente sensibilidad en relación a la vida humana, anima a proseguir siempre con mayor ímpetu y valentía, en este importante servicio a la vida y a la educación en los valores evangélicos de las futuras generaciones”, concluyó.



Fuente: ACIPrensa

La revolución traída por Cristo es la revolución del amor


VATICANO, 14 Feb. 10 / 08:00 am (ACI) Miles de fieles y peregrinos se dieron cita al medio día en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus dominical con el Papa Benedicto XVI, quien al introducir la oración mariana recordó que la verdadera "revolución" necesaria para el ser humano es aquella traída por Cristo: la revolución del amor y basada sobre su Cruz y su Resurrección.

“El año litúrgico es un gran camino de fe que la Iglesia realiza siempre presidida por la Virgen Madre María”, dijo el Pontífice, al meditar sobre el pasaje de las bienaventuranzas.

El Santo Padre recordó que éstas “se basan en el hecho de la existencia de la justicia divina que eleva a quien ha sido humillado y abaja a quien es exaltado”.

“Esta justicia y esta bienaventuranza se realizan en el Reino de los Cielos que tendrá su realización al final de los tiempos pero que ya se manifiesta en nuestra historia. Ahí donde los pobres son consolados ahí se manifiesta la justicia de Dios.

"Es esta la tarea que los discípulos del Señor están llamados a realizar en la sociedad actual”, continuó el Papa.

Más adelante recordó el Mensaje para la Cuaresma de este año, dedicado al tema de la justicia. “El Evangelio de Cristo –dijo- responde positivamente a la sed de justicia del hombre, pero en modo inesperado y sorprendente".

"Jesús no propone una revolución de tipo social y político, sino la revolución del amor, que ya ha realizado con su Cruz y con su Resurrección”.

Finalmente el Santo Padre invitó a dirigirse a María, dejándose guiar por Ella “en el camino de la Cuaresma, para ser liberados de la ilusión de la autosuficiencia, reconocer que tenemos la necesidad de Dios, de su misericordia, y entrar así en su Reino de justicia, de amor y de paz”.

Horas antes, a las 10:00 a.m. -hora de Roma- el Pontífice visitó el hospicio para indigentes "Don Luigi Di Liegro", ubicado cerca de la estación de tren "Termini" de Roma; donde recordó que la Iglesia descubre en cada uno de los necesitados "el rostro de Cristo".



Fuente: ACIPrensa

Pasión y muerte por amor

Con inusitada frecuencia desfilan hoy día por las pantallas de televisión episodios de dolor, de violencia y de muerte realmente aterradores.

Nunca podré olvidar las escenas que transmiten en los noticieros sobre la violencia de los secuestradores y narcotraficantes.

El dolor y tragedia en el terremoto de Haití.

Así mismo, quedarán para siempre impresas en la memoria de los que lo vieron, las imágenes de la aplicación de la pena de muerte a una mujer en la cámara de gas, televisada al mundo entero, desde los Estados Unidos, no hace mucho tiempo.

Lo más sobrecogedor y terrible, al estar viendo aquello, era saber que no había ningún truco ni montaje. No era cine o película. Era pura y cruda realidad. Y ante ella, cualquier sensibilidad mínimamente despierta, se ve presa de una tremenda sacudida y conmoción.

Al reflexionar en todo esto me ha asaltado el recuerdo otra ejecución. La más importante y trascendente de la historia.

Ocurrió hace ya bastantes siglos, por lo que no disponemos de ninguna filmación. Pero el carecer del video no importa tanto; sabemos que fue tan real como la que más.

Tenemos a mano los documentos donde está recogida la historia de los últimos instantes de ese hombre-Dios ajusticiado en una cruz junto a dos malhechores, en el monte Calvario, a las afueras de Jerusalén.

¡Qué bien nos vendría a todos repasar de vez en cuando esas páginas del Evangelio cargadas de dramático realismo! Y hacerlo no con ojos miopes, corazón tibio o mente superficial; sino abriéndonos a ese misterio con toda nuestra capacidad humana de asombro, de admiración, de sobrecogimiento, de gratitud.

Mucho me temo que algunos de nosotros ya hemos sedado nuestra sensibilidad ante la pasión y muerte de Cristo. ¡Qué lástima que veinte siglos hayan erosionado y desfigurado tanto la imagen de ese cuerpo crucificado!

¡Qué pena que ya no nos conmueva y estremezca! A fuerza de verlo en tantas partes, nos hemos acostumbrado a pasear delante de él con apatía e indiferencia. Ya no nos lacera ese rostro abofeteado y cubierto de salivazos, esa frente bañada en sangre y ceñida de espinas, ese torso sembrado de llagas y hematomas, esas manos y esos pies perforados por los clavos.

Todo eso, junto a otros insondables sufrimientos espirituales y morales, lo padeció Cristo, siendo inocente. Él no había cometido maldad alguna y no hubo nunca en su boca mentira. Él pasó por el mundo haciendo el bien. Y fue apresado como un delincuente, escarnecido como un demente, ajusticiado como un criminal.

Como cordero al degüello era llevado... y tampoco él abrió la boca. ¿Por qué? ¿Por qué ese modo de comportarse tan escandalosamente impropio de alguien que es Hijo de Dios? ¿Por qué su pasión? ¿Por qué su muerte? Y, ¿por qué en la cruz?

La respuesta, en el fondo, es una sola. Porque amaba inmensamente al Padre. Porque amaba locamente a los hombres. Porque amaba y ama a cada uno de nosotros; y con un amor llevado hasta el extremo, hasta dar su vida colgado de un madero.

¿Quién no se conmociona al descubrir detrás de ese crucificado el amor infinito y personal de todo un Dios hecho hombre por nosotros y por nuestra salvación?

Dejemos que la contemplación del amor de Cristo, manifestado en su pasión y muerte, toque nuestro corazón y haga brotar en él la decisión de corresponder con un amor al menos semejante.



Autor: Marcelino de Andrés y Juan Pablo Ledesma | Fuente: Catholic.net

jueves, 11 de febrero de 2010

Nuestra Señora de Lourdes

El 11 de febrero de 1858, Bernadette, una niña de catorce años, recogía leña en Massbielle, en las afueras de Lourdes, cuando acercándose a una gruta, una de viento la sorprendió y vio una nube dorada y a una Señora vestida de blanco, con sus pies descalzos cubiertos por dos rosas doradas, que parecían apoyarse sobre las ramas de un rosal, en su cintura tenia una ancha cinta azul, sus manos juntas estaban en posición de oración y llevaba un rosario.

Bernadette al principio se asusto, pero luego comenzó a rezar el rosario que siempre llevaba consigo, al mismo tiempo que la niña, la Señora pasaba las cuentas del suyo entre sus dedos, al finalizar, la Virgen María retrocedió hacia la Gruta y desapareció. Estas apariciones se repitieron 18 veces, hasta el día 16 de julio.

El 18 de febrero en la tercera aparición la Virgen le dijo a Bernadette: "Ven aquí durante quince días seguidos". La niña le prometió hacerlo y la Señora le expresó "Yo te prometo que serás muy feliz, no en este mundo, sino en el otro".

La noticia de las apariciones se corrió por toda la comarca, y muchos acudían a la gruta creyendo en el suceso, otros se burlaban.

En la novena aparición, el 25 de febrero, la Señora mando a Santa Bernadette a beber y lavarse los pies en el agua de una fuente, señalándole el fondo de la gruta. La niña no la encontró, pero obedeció la solicitud de la Virgen, y escarbó en el suelo, produciéndose el primer brote del milagroso manantial de Lourdes.

En las apariciones, la Señora exhortó a la niña a rogar por los pecadores, manifestó el deseo de que en el lugar sea erigida una capilla y mando a Bernadette a besar la tierra, como acto de penitencia para ella y para otros, el pueblo presente en el lugar también la imito y hasta el día de hoy, esta práctica continúa.

El 25 de marzo, a pedido del párroco del lugar, la niña pregunta a la Señora ¿Quien eres?, y ella le responde: "Yo soy la Inmaculada Concepción".

Luego Bernadette fue a contarle al sacerdote, y él quedo asombrado, pues era casi imposible que una jovencita analfabeta pudiese saber sobre el dogma de la Inmaculada Concepción, declarado por el Papa Pío IX en 1854.
En la aparición del día 5 de abril, la niña permanece en éxtasis, sin quemarse por la vela que se consume entre sus manos.

El 16 de julio de 1858, la Virgen María aparece por última vez y se despide de Bernadette.

En el lugar se comenzó a construirse un Santuario, el Papa Pío IX le dio el titulo de Basílica en 1874. Las apariciones fueron declaradas auténticas el 18 de Enero 1862.

Lourdes es uno de los lugares de mayor peregrinaje en el mundo, millones de personas acuden cada año y muchísimos enfermos han sido sanados en sus aguas milagrosas. La fiesta de Nuestra Señora de Lourdes se celebra el día de su primera aparición, el 11 de febrero.

El mensaje de la Virgen

El Mensaje que la Santísima Virgen dio en Lourdes, Francia, en 1858, puede resumirse en los siguientes puntos:

1-Es un agradecimiento del cielo por la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que se había declarado cuatro años antes (1854), al mismo tiempo que así se presenta Ella misma como Madre y modelo de pureza para el mundo que está necesitado de esta virtud.

2-Es una exaltación a la virtudes de la pobreza y humildad aceptadas cristianamente, al escoger a Bernardita como instrumento de su mensaje.

3-Un mensaje importantísimo en Lourdes es el de la Cruz. La Santísima Virgen le repite que lo importante es ser feliz en la otra vida, aunque para ello sea preciso aceptar la cruz.

4-Importancia de la oración, del rosario, de la penitencia y humildad (besando el suelo como señal de ello); también, un mensaje de misericordia infinita para los pecadores y del cuidado de los enfermos.
 
Fuente: EWTN