viernes, 28 de marzo de 2014

Si me dejo envolver por Ti

¿La enfermedad más insidiosa? Construir la propia vida desde mí o desde aquello que está a mi alcance. Pensar que yo decido y yo actúo. Creer que el cambio está en mis manos. Confiar en que encontraré en este mundo el auxilio necesario para llevar a cabo todos mis deseos y proyectos.

Es una enfermedad, porque me hace centrarlo todo en este mundo contingente, frágil, pasajero; porque me hace suponer que soy autosuficiente o que basta con recibir la ayuda de quienes viven a mi lado.

Ciertamente, hay muchas personas buenas junto a mí, he encontrado mil manos amigas que me han levantado y sostenido en mi camino. Pero nadie puede llegar a lo más íntimo de mi alma, ni limpiar ese desorden profundo que me encierra en la soberbia, en la codicia, en los rencores, en la sed de actividad o de diversiones superficiales y egoístas.

Desde esa enfermedad, cierro los ojos del alma a las mil señales que Dios me lanza. Porque el único médico que puede lavarme del pecado es Cristo. Porque sólo la muerte no es un absurdo si Alguien nos espera más allá de la frontera. Porque las flores, los jilgueros y los ancianos viven y reflejan cariño porque han sido antes cuidados, de manera tierna y constante, por las manos del Dios bueno.

Por eso, para salir de mis enfermedades, para romper con la soberbia, para aprender el humilde y magnífico camino del servicio, necesito dejarme envolver por Ti.

Sólo cuando Te deje ser mi Amigo, mi Redentor, mi Dios, me abriré a las dimensiones más hermosas y más alegres de la existencia humana. Sólo cuando acoja tus palabras, tus susurros, tus silencios, estaré listo para iniciar una vida nueva. Sólo cuando Te deje rodearme con tus manos heridas descubriré que toda vida puede salir del fango del pecado y entrar en el mundo, magnífico, de la misericordia divina...


Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net

Francisco: "La confesión es una experiencia de perdón y misericordia"

El papa Francisco recibió esta mañana en el Aula de las Bendiciones a seiscientos participantes en el curso anual del foro interno de la Penitenciaría Apostólica. Desde hace un cuarto de siglo ese dicasterio ofrece, sobre todo a los sacerdotes recién ordenados y a los diáconos, ese curso para contribuir a la formación de buenos confesores.

En su discurso, el Santo Padre invitó a los presentes a atesorar la experiencia adquirida para ayudar cada vez más a la Iglesia y a los confesores a desempeñar “el ministerio de la misericordia, que es tan importante” y ha reflexionado con ellos sobre tres puntos claves de la confesión.

“En primer lugar -dijo- el protagonista del ministerio de la reconciliación es el Espíritu Santo. El perdón que el sacramento confiere es la vida nueva transmitida por el Señor Resucitado a través de su Espíritu...Por lo tanto, estáis llamados a ser siempre “hombres del Espíritu Santo, testigos y anunciadores, alegres y fuertes, de la resurrección del Señor”.

El Obispo de Roma los invitó a recibir a los penitentes “no con la actitud de un juez y tampoco con la de un simple amigo, sino con la caridad de Dios... El corazón del sacerdote es un corazón que se conmueve...Si es verdad que la tradición indica el papel doble de médico y de juez de los confesores, no hay que olvidar que cómo médico está llamado a curar y como juez a absolver”.

“Si la Reconciliación transmite la vida nueva del Resucitado y renueva la gracia bautismal –explicó abordando el segundo aspecto- la tarea es entonces la de darla generosamente a los fieles. Un sacerdote que no se dedica a esta parte de su ministerio, es como un pastor que no se preocupa por las ovejas que se han perdido. ¡La misericordia es el corazón del Evangelio! Es la buena nueva de que Dios nos ama, de que ama siempre al pecador y con este amor lo atrae hacia sí y lo invita a la conversión. No olvidemos que, a menudo, a los fieles les cuesta trabajo confesarse, sea por motivos prácticos, sea por la dificultad natural de confesar a otro hombre los pecados propios. Por eso es necesario trabajar sobre nosotros mismos, sobre nuestra humanidad, para que no representemos nunca un obstáculo sino para que favorezcamos siempre el acercamiento a la misericordia y al perdón. ¡La confesión no es un tribunal de condena, sino una experiencia de perdón y misericordia!”

Por último, Francisco se refirió a las dificultades que, con frecuencia, encuentra la confesión. “Las razones son tantas, sea históricas como espirituales. Sin embargo, sabemos que el Señor quiso regalar este don inmenso a su Iglesia, ofreciendo a los bautizados la seguridad del perdón del Padre. Por eso es muy importante que en todas las diócesis y comunidades parroquiales se preste mucha atención a la celebración de este sacramento de perdón y salvación. Es importante que en todas las parroquias los fieles sepan cuando pueden encontrar disponibles a los sacerdotes: cuando hay fidelidad, se ven los frutos”.
 
Fuente: AICA

martes, 1 de octubre de 2013

El porqué del no a la ordenación de mujeres

El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, recordó que el 30 de septiembre, fiesta de San Jerónimo, patrono de la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, se realizan en la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe las ordenaciones sacerdotales.

“Es un día de particular gratitud y alegría en la vida de nuestra Iglesia. Esto nos habla de la vitalidad providencial de un camino que tiene su origen en el amor de Dios que tanto amó al mundo y le envío a su Hijo Jesucristo y que él quiso prolongar en la vida de la Iglesia”, destacó en su reflexión semanal.

El prelado aseguró que “cuando hablamos del sacerdocio las referencias que debemos tener presente son: Jesucristo, la Iglesia y el mundo. Fuera de este ámbito el sacerdocio católico pierde todo sentido. Su origen es el amor de Dios, su modelo es Jesucristo, su ámbito la Iglesia y su destino el mundo” y explicó que “esto requiere una mirada de fe, que no es un salto al vacío sino un apoyarse en el testimonio de Jesucristo. No se trata de un ministerio creado por la Iglesia para cumplir una función, sino de una realidad instituida por el mismo Jesucristo para continuar su misión en el mundo”.

“Una primera lectura del sacerdocio nos muestra ese sentido relacional entre Dios y el mundo, vivido desde la Iglesia como ámbito o lugar propio del sacerdote. Esto marca su vida con un fuerte sentido cristológico y eclesial, pero también de servicio en el mundo. Esta última referencia es la que lleva al papa Francisco a insistir: ‘quiero pastores con olor a ovejas’. El sacerdote es alguien: ‘tomado de entre los hombres y puesto al servicio de los hombres’, esto nos habla de un don pero también de una tarea. El sacerdote es presencia sacramental de Jesucristo”, agregó.

Monseñor Arancedo subrayó que “no construimos el sacerdocio sino que lo recibimos, somos llamados, nos toca hacerlo visible entre los hombres por la gracia del sacramento del Orden Sagrado. No se trata de una carrera que elijo, sino de un llamado que descubro y al cual he respondido. No hablamos de un ministerio eclesial en el sentido de una función que nos comunica la Iglesia al servicio de la comunidad, sino del sacerdocio ministerial de Jesucristo como una realidad única y personal que él nos confiere en la Iglesia por un sacramento”.

“Cuando se plantea el tema del sacerdocio desde la persona y el ministerio de Jesucristo, y no sólo como un ministerio en la Iglesia, pienso que es más fácil comprender el significado que tiene la no ordenación de mujeres, es decir, que sólo sean hombres los llamados al sacerdocio ministerial. No cabe decir que esta decisión de Jesús pertenece a la cultura de una época, por el contrario, él trató a todas las mujeres con amor y respeto, incluso a las que fueron denunciadas como pecadoras”, agregó.

“No podemos, además, dudar de la importancia de la Virgen María en el plan de Dios, sin embargo, no la eligió a ella para el ministerio sacerdotal. María estaba con los apóstoles y cumplió, diría, una función tal vez superior de presencia y santidad en la vida de la Iglesia naciente, pero no era sacerdote. Esto no fue un acto de discriminación de su Hijo. El distinguir la función propia de un ministerio eclesial, de la elección única y personal de un joven, de un varón, para el sacerdocio tiene su fuente en el Evangelio como en la misma tradición de la Iglesia”, concluyó.
Fuente: AICA

viernes, 16 de noviembre de 2012

¿Cómo hizo este cura para salvar la parroquia de la clausura y demolición?

Madrid (España) (AICA): La iglesia parroquial San Vicente de Paúl, en el centro de Marsella, iba a ser clausurada y demolida. Estaba siempre cerrada. Nadie concurría a ella. Como última oportunidad para salvarla, el obispo mandó al padre Michel-Marie Zanotti-Sorkine y le dijo que tratara de abrir las puertas del templo. El padre Zanotti se tomó a pecho esta frase del obispo y la convirtió en su principal objetivo como sacerdote.

Con la consigna “Traer tantas almas para Dios como sea posible”, transformó una iglesia condenada a la piqueta demoledora en la parroquia con más vida de Marsella. Su mérito es aún mayor al considerar que el templo está situado en un barrio con una enorme presencia de musulmanes en una ciudad donde menos del 1% de la población es católica practicante.

¿Cómo lo hizo? Lo cuenta Javier Lozano en una nota que publicó recientemente “Religión en Libertad”, una revista electrónica de Madrid que publica notas y noticias católicas.

Había sido un exitoso músico de cabarets de París
La clave para este sacerdote que previamente había sido músico de éxito en multitud de cabarets de París y Montecarlo es la “presencia”, hacer presente a Dios en el mundo de hoy. Las puertas de su iglesia están todo el día abiertas de par en par y viste de sotana “porque todos, cristianos o no, tienen derecho a ver un sacerdote fuera de la iglesia”.

Su balance es abrumador. Cuando llegó en 2004 a la parroquia San Vicente de Paúl del centro de Marsella la iglesia permanecía cerrada durante toda la semana y la única misa dominical se celebraba en la cripta a la que apenas acudían 50 personas.

Como él mismo cuenta, lo primero que hizo fue abrir el templo todos los días y celebrar en el altar mayor. Ahora la iglesia permanece abierta casi todo el día y hacen falta sillas adicionales para los fieles. Más de 700 todos los domingos, más todavía en las grandes fiestas. Casi 200 adultos se bautizaron desde que llegó, 34 en la última Pascua.

El hecho se convirtió en un fenómeno de masas no sólo en Marsella sino en toda Francia, con reportajes de numerosos medios de todo el país atraídos por la cantidad de conversiones.

El nuevo cura de Ars en la agnóstica Marsella
Una de las iniciativas principales del padre Zanotti-Sorkine para revitalizar la fe de la parroquia y conseguir tal afluencia de gente de toda edad y condición social fue la habilitación del confesionario. Antes de la apertura del templo a las 8 de la mañana ya hay gente esperando en la puerta para poder acudir al sacramento de la confesión o para pedir consejo a este sacerdote francés.

Según cuentan sus feligreses, el padre Michel-Marie está buena parte del día en el confesionario, muchas veces hasta pasadas las once de la noche. Y si no está ahí siempre se lo encuentra vagando por los pasillos o en la sacristía sabiendo la necesidad de que los sacerdotes estén siempre visibles y cercanos para salir en auxilio de todo aquel que lo necesite.

La iglesia siempre abierta
En cumplimiento literal del pedido que le había hecho el obispo de “abrir las puertas de la iglesia”, el tener el templo permanente abierto es otra de sus señas de identidad más características. Esto le generó críticas de sacerdotes de la diócesis pero él afirma que la misión de la parroquia es “permitir y facilitar el encuentro del hombre con Dios” y el cura no puede ser un impedimento para esto.

En una entrevista en televisión afirmaba convencido que “si hoy la iglesia no está abierta es que de cierta manera no tenemos nada que proponer, que todo lo que ofrecemos se acabó. Mientras que en este caso la iglesia está abierta todo el día, hay gente que viene, prácticamente nunca hemos tenido robos, hay gente que ora y le garantizo que esta iglesia se transformó en un instrumento extraordinario que favorece el encuentro entre el alma y Dios”.

El obispo lo mandó a esta parroquia como última oportunidad para salvarla y el cura le hizo caso de manera literal. “Hay cinco puertas siempre abiertas y así todo el mundo puede ver la belleza de la casa de Dios”. Novednta mil coches y miles de peatones y turistas se encuentran con la iglesia abierta y con los sacerdotes a la vista. Este es su método: la presencia de Dios y su gente en el mundo secularizado.

La importancia de la liturgia y de la limpieza
Y aquí está otro punto clave para este sacerdote. Apenas llegó, con la ayuda de un grupo de laicos renovó el templo y la casa parroquial, los limpió y dejó resplandecientes. Para él este es otro motivo de por qué la gente opta por volver a la iglesia. “Cómo va a creer la gente que Cristo vive en un lugar donde todo está sucio y desaseado. Es imposible”.

Por ello, los manteles del altar y del Sagrario tienen un blanco inmaculado. “Es el detalle el que hace la diferencia. Con el trabajo bien hecho nos damos cuenta del amor que manifestamos a los seres y a las cosas”. De manera tajante asegura: “Creo que cuando se ingresa en una iglesia donde todo no hay pulcritud y orden, es imposible creer en la presencia gloriosa de Jesús”.

La liturgia se ubica en el punto central de su ministerio y mucha gente fue atraída a esta iglesia por la riqueza de la Eucaristía. “Esta es la belleza que conduce a Dios”, afirma.

Las misas se celebran siempre con el templo repleto y en ellas hay procesiones solemnes, incienso, cánticos bien seleccionados y bien cantados. Todo hecho al detalle. “Le doy un trato especial a la celebración de la Misa para mostrar el significado del sacrificio eucarístico y la realidad de la Presencia”. “La vida espiritual no se concibe sin la adoración del Santísimo Sacramento y sin un ardiente amor a María”, por lo que introdujo la adoración y el rezo diario del Rosario dirigido por estudiantes y jóvenes.

Sus homilías son también muy esperadas e incluso sus feligreses las cuelgan en internet. En ellas llama siempre a la conversión, por la salvación del hombre. En su opinión, la falta de este mensaje en la Iglesia de hoy “es quizás una de las principales causas de la indiferencia religiosa que vivimos en el mundo contemporáneo”. Ante todo claridad en el mensaje evangélico. Por eso advierte acerca de la frase tan remanida de que “todos vamos a ir al cielo”. Esta es para él “otra canción que puede engañarnos” debido a que hay que luchar, empezando por el sacerdote, para llegar al Paraíso.

El cura de la sotana
Si hay algo que distingue a este alto sacerdote en un barrio de mayoría musulmana es su sotana, que siempre lleva puesta, y el rosario entre las manos. Para él es primordial que el cura pueda ser distinguido entre la gente. “Todos los hombres, empezando por uno que cruza el umbral de la iglesia, tiene el derecho de reconocer y reunirse con un sacerdote. El servicio que ofrecemos es tan esencial para la salvación que nuestra visión debe hacerse tangible y eficaz para permitir esta reunión”.

De este modo, según el padre Michel el sacerdote lo es durante las 24 horas del día. “El servicio debe ser permanente. ¿Qué pensaría usted de un marido que en el camino a su oficina por la mañana se quitara su alianza?”.

En este aspecto es muy insistente: “Los que dicen que el hábito crea una distancia no conocen el corazón de los pobres para quienes lo que se ve habla más que lo que se dice”.

Por último recuerda un detalle importante. Los regímenes comunistas lo primero que hacían era eliminar el hábito eclesiástico sabiendo de la importancia de la comunicación de la fe. “Esto merece la atención de la Iglesia de Francia”, afirma.

Sin embargo, su misión no la desarrolla únicamente en el interior del templo sino que es un personaje conocido en todo el barrio, también por los musulmanes. Desayuna en los cafés del barrio, allí habla y se reúne con los fieles y con gente no practicante. Él los llama, sus pequeñas capillas. Así consiguió ya que muchos vecinos sean ahora asiduos de la parroquia y han convertido a esta iglesia de San Vicente de Paúl en una parroquia totalmente resucitada.

Una vida peculiar: cantante de cabarets
La vida del padre Michel-Marie estuvo siempre en movimiento. Nació en 1959 y tiene orígenes rusos, italianos y corsos. A los 13 años perdió a su madre lo que le causó una “ruptura devastadora” que lo hizo unirse aún más a la Virgen María.

Al tener un gran talento musical, apagó la pérdida de su madre con la música. En 1977 tras ser invitado a tocar en el Café París de Montecarlo se trasladó a la capital donde comenzó su carrera de compositor y cantante en cabarets. Sin embargo, la llamada de Dios era más fuerte y en 1988 entró en la orden dominica por su devoción a Santo Domingo. Con ellos estuvo cuatro años, porque ante la fascinación que le produjo San Maximiliano Kolbe se fue a la orden franciscana, donde también permaneció cuatro años.

Fue en 1999 cuando fue ordenado sacerdote para la diócesis de Marsella con casi cuarenta años. Además de su música, dedicada ahora a Dios, también es escritor de éxito, publicó ya seis libros. Además es poeta.
 
 
Fuente: AICA