miércoles, 10 de agosto de 2011

Silencio y escucha de la Palabra

El mundo moderno nos bombardea con noticias y ruidos, con músicas y discusiones, con “blogs” y mensajes de todo tipo. Al mismo tiempo, nuestros corazones generan pensamientos y emociones que aturden y arrastran, que encandilan y casi “drogan” nuestro espíritu.

La semilla no puede dar fruto si el alma vive prisionera de mil preocupaciones, angustias, apegos, zozobras. Para que la semilla empiece su camino vigoroso, antes hay que escardar, limpiar, zanjar, proteger el terreno del espíritu.

Escuchar la Palabra, el mensaje de Dios a los hombres, es imposible si nos faltan espacios de silencio. Como explica el Papa Benedicto XVI, “la palabra sólo puede ser pronunciada y oída en el silencio, exterior e interior. Nuestro tiempo no favorece el recogimiento, y se tiene a veces la impresión de que hay casi temor de alejarse de los instrumentos de comunicación de masa, aunque sólo sea por un momento. Por eso se ha de educar al Pueblo de Dios en el valor del silencio. Redescubrir el puesto central de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia quiere decir también redescubrir el sentido del recogimiento y del sosiego interior” (exhortación apostólica postsinodal “Verbum Domini”, n. 66).

Si adoptamos una sana actitud de silencio, el corazón empieza a estar abierto a la acogida de la Palabra de Dios, como la Virgen, como los santos. Así lo explica el Papa: “La gran tradición patrística nos enseña que los misterios de Cristo están unidos al silencio, y sólo en él la Palabra puede encontrar morada en nosotros, como ocurrió en María, mujer de la Palabra y del silencio inseparablemente. Nuestras liturgias han de facilitar esta escucha auténtica: Verbo crescente, verba deficiunt” (“Verbum Domini”, n. 66).

Esto vale, como señala Benedicto XVI en el texto antes citado, de modo especial para la Liturgia: “Este valor ha de resplandecer particularmente en la Liturgia de la Palabra, que «se debe celebrar de tal manera que favorezca la meditación». Cuando el silencio está previsto, debe considerarse «como parte de la celebración». Por tanto, exhorto a los pastores a fomentar los momentos de recogimiento, por medio de los cuales, con la ayuda del Espíritu Santo, la Palabra de Dios se acoge en el corazón” (“Verbum Domini”, n. 66).

Si pasamos a través de los dinteles del silencio y del recogimiento, interno y externo, entramos en la escuela en la que habla el verdadero Maestro, Jesucristo. Él está, respetuosamente, junto a la puerta de nuestros corazones. “Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos” (Ap 3,20).

Por eso, al finalizar el texto de la exhortación “Verbum Domini”, el Papa invita a todos los católicos a fomentar un clima adecuado a la escucha con la ayuda del silencio.

“Hagamos silencio para escuchar la Palabra de Dios y meditarla, para que ella, por la acción eficaz del Espíritu Santo, siga morando, viviendo y hablándonos a lo largo de todos los días de nuestra vida. De este modo, la Iglesia se renueva y rejuvenece siempre gracias a la Palabra del Señor que permanece eternamente (cf. 1Pe 1,25; Is 40,8). Y también nosotros podemos entrar así en el gran diálogo nupcial con que se cierra la Sagrada Escritura: «El Espíritu y la Esposa dicen: ‘¡Ven!’. Y el que oiga, diga: ‘¡Ven!’... Dice el que da testimonio de todo esto: ‘Sí, vengo pronto’. ¡Amén! ‘Ven, Señor Jesús’» (Ap 22,17.20)” (“Verbum Domini” n. 124).



Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net

martes, 9 de agosto de 2011

María ¿Obstáculo o signo de unidad entre protestantes y católicos?

Entre las distintas concepciones teológicas que han mantenido separados a católicos y protestantes se destaca de manera especial el lugar que ocupa la Virgen María en la obra de la redención humana.

Bien sabemos que la teología protestante, en líneas generales, no acepta la posibilidad de ninguna mediación en la obra de la salvación, excepto el mismo Jesucristo. En este sentido, para ellos María no ocupa ningún lugar como cooperadora en la redención del género humano, generando de este modo lógicas discrepancias con los católicos.

A pesar de esto en el siglo pasado, teólogos tanto protestantes como católicos estaban convencidos que María no podía ser en absoluto un punto de división sino más bien el camino seguro para restablecer la verdadera unidad entre los cristianos separados.

En la actualidad, distintos grupos interconfesionales en un clima de total sinceridad y sensibilidad por el diálogo ecuménico, vienen trabajando con gran esfuerzo por descubrir en las fuentes escriturísticas y patrísticas, como así también en el análisis teológico de las distintas cuestiones de fe, raíces comunes que puedan servir como base de diálogo para las distintas denominaciones cristianas. Estos grupos escriben documentos que luego son entregados a las distintas Iglesias para que una vez tomados en consideración elaboren una respuesta en vistas siempre a lograr una actitud de mayor apertura en el diálogo ecuménico.

El Grupo de Dombes, uno de los grupos de teólogos interconfesionales más avanzados en el diálogo ecuménico, emitió en 1997 un documento titulado María en el designio de Dios y en la comunión de los santos.

Este documento reconoce que María ha sido motivo de conflicto entre católicos y protestantes, un conflicto que, según el documento, la misma María ha sido víctima. Por eso el grupo es conciente que ha llegado el momento de decir basta al nombrar en vano el nombre de María y de humillarla por causa del pecado de los hombres. Se anhela el hecho de revertir esta situación, de modo que María no sea más una piedra de escándalo sino por el contrario un vínculo de unión.

En primer lugar el documento expresa cómo en el primer milenio la teología reconocía unánimemente en María un rol importante y perfectamente determinado en el designio del Padre, en el misterio de Cristo y en el misterio de la Iglesia o comunión de los santos. Esta situación alejaba completamente entre los cristianos motivos de discordia en lo que respecta a la fe sobre la Virgen María. Atestiguan esta realidad los Símbolos de la fe, el apostólico y el niceno-constantinopolitano, en donde encontramos las sentencias “nació de Santa María Virgen” y “se encarnó de María la Virgen”; también los santos Padres y finalmente los primeros Concilios ecuménicos, en particular el de Éfeso en el cual se declara el dogma mariano de Theotokos, es decir, madre de Dios. Por lo tanto “Virgen y Madre de Dios” pertenecen al patrimonio común de todas la Iglesias.

Por otro lado, en lo que respecta al rol que desempeña María en la obra de la salvación, que como ya dijimos, ha sido un motivo importante de separación entre protestantes y católicos, el Grupo de Dombes declara que se estaría llegando a un acuerdo en este aspecto.

El documento señala que si bien solo Dios otorga la gracia para obtener la salvación, es necesario contar con la respuesta libre del hombre para que éste se beneficie y sea justificado. La solución propuesta es inequivocable sobre el carácter absoluto de la gracia electiva de Dios, sin embargo se insiste también sobre la importancia de la respuesta humana que es parte integrante. En este sentido y en un hecho particularísimo, el misterio de la Encarnación atestigua claramente que María ha cooperado con la respuesta de la propia fe, como cada ser justificado, a través de la propia obediencia, la propia maternidad, y todas la obras de “sierva” entre ellas su intervención en Caná.

Históricamente el autor de la gracia, Jesucristo, se encarna plenamente en nuestra humanidad a través de María, quien coopera de este modo efectivamente en la obra de redención de los hombres. Se comprende entonces que una devoción sobria y veraz hacia la Virgen María, Madre de Dios, sea un potente salvoconducto para el camino de fe referido a Jesucristo.

Podemos decir entonces que, reconociendo que en el primer milenio toda la Iglesia aceptó a María como la “Madre de Dios” y la importancia clave que tiene la cooperación humana en la obra de la redención, manifestada en la disposición efectiva en cada hombre de recibir la gracia, y manifestada singularmente en María, de manera particular y especialísima en el sí de la Encarnación, ella, en el orden del diálogo ecuménico, no puede ser motivo de división, por el contrario se convierte en “Madre de unidad” para todos los creyentes en Cristo.

Notas

[1]Cfr. Heinrich-M. Koster, Mariologia nel XX secolo, In Bilancio della Teologia del XX secolo, Città Nuova, Roma 1972, p. 143. “También en el ambiente protestante pastores como M. Thurian asumían una posición positiva respecto a María en la obra de la salvación".

[2] Y. Congar, Sur la conjoncture présente de la publication del’exortation Marialis Cultus, In La Maison Dieu, n. 121, Paris 1975, p. 114-121. “El Santo Padre expresa la esperanza ecuménica de que María, Humilde Sierva del Señor se convertirá en un punto de encuentro para la unión de todos los creyentes en Cristo”.

[3]Grupo de Dombes, Título original en francés: Marie dans le dessein de Dieu et la communion des saints, Bayard éd., Paris 1997.1998.

[4]Cfr. G. Bruni, Maria nel disegno di Dio e nella comunione dei santi, Introduzione al Documento del Gruppo di Dombes, In Theotokos VI, 1998, pp.244-245.

[5]Cfr. Y. Congar, Sur la conjoncture présente de la publication del’exortation Marialis Cultus, In La Maison Dieu, n. 121, Paris 1975, p. 114-121. 
Autor: R.P. Lic. Luis Jorge Montagna, IVE  | Fuente: Catholic.net

martes, 2 de agosto de 2011

Más de 6.200 millones de euros ahorra la Iglesia al gobierno

Madrid (España), 2 Ago. 11 (AICA) Según cálculos de técnicos, en 2009 la Iglesia católica ahorró al Estado español una cifra superior a los 6.200 millones de euros mediante un enorme cúmulo de actividades de toda clase, entre las cuales -sólo por citar un ejemplo-, la Iglesia dedicó más de 43 millones de horas a los necesitados. Se calcula que el costo que tendrían estas actividades, si se contrataran en el mercado del trabajo, supondría un importe de 1.889 millones de euros. Asimismo, los centros educativos católicos concertados ahorraron al Estado 4.399 millones de euros. Ambas cifras suman 6.288 millones de euros (38.000 millones de pesos) que el Estado Español se ahorró, es decir, no gastó, ya que lo hizo la Iglesia Católica tan denigrada por el PSOE, mediante su Fondo Común Interdiocesano.

El Vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Don Fernando Giménez Barriocanal, presentó en Madrid la Memoria de Actividades correspondientes al año 2009, la cual demuestra que el Estado español ahorra miles de millones de euros gracias a la efectiva labor de la Iglesia.

Según datos recogidos en las 69 diócesis del país, solo en 2009 la Iglesia Católica de España a través de sus 4.862 centros de asistencia, ayudó a 3.646.332 personas, cifra que supera en casi un millón a la registrada en 2008.

El estudio estuvo a cargo de la Vicesecretaría para Asuntos Económicos de la CEE, en colaboración con la Red Génesis y el Grupo de Investigación para el Sostenimiento de la Iglesia Católica.

La memoria se divide en tres secciones que explican el reparto del Fondo Común Interdiocesano, los datos sobre las diversas actividades pastorales, litúrgicas, educativas, culturales, asistenciales de la Iglesia y además otros puntos de interés.

En 2009, entre los 18.825 sacerdotes, las 54.890 religiosos y los más de 70.000 agentes de pastoral, la Iglesia Católica dedicó más de 43 millones de horas a los más necesitados.

Además, el costo que tendrían estas actividades, de ser contratadas en el mercado, supondría un importe de 1.889 millones de euros, por lo que cada euro invertido en la Iglesia Católica rinde más de dos veces y media en su servicio equivalente en el mercado.

Asimismo, los centros educativos católicos concertados ahorraron al Estado 4.399 millones de euros.

Por otro lado, unos 17.000 misioneros anuncian el Evangelio por todo el mundo y entregan su vida de forma totalmente altruista en los países más necesitados del mundo. El mayor porcentaje de misioneros españoles -un 73%- colabora en América Latina.

El informe también recuerda la influencia positiva que ejerce la cultura católica en la economía española, ya que más de 500 municipios españoles tienen en sus territorios como único Bien Cultural un monumento propiedad de la Iglesia Católica, de modo que indirectamente, la Iglesia contribuye al desarrollo económico por ser indiscutiblemente uno de los principales reclamos turísticos.

Desde 2008 el sostenimiento de la Iglesia en España depende exclusivamente de los católicos y de quienes reconocen su labor social mediante la Declaración de la Renta. No supone pagar más impuestos, ni que el Estado devuelva menos al contribuyente, ni es incompatible con apoyar otros fines sociales propuestos en la declaración.
 
 
Fuente: AICA

lunes, 1 de agosto de 2011

Mensaje de Juan Pablo II a la XVIII Conferencia Internacional sobre la Depresión

«La clave para ayudar a una persona con depresión es el amor y la oración. Las personas que cuidan de los enfermos deprimidos deben ayudar a recuperar la propia estima, la confianza en sus capacidades, el interés por el futuro, las ganas de vivir. Por eso, es importante tender la mano a los enfermos, hacerles percibir la ternura de Dios, integrarlos en una comunidad de fe y de vida, en la que se sientan acogidos, comprendidos, sostenidos, dignos, en una palabra, de amar y de ser amados.
En el camino espiritual son de gran ayuda la lectura y la meditación de los salmos, el rezo del Rosario, la participación en la Eucaristía, fuente de paz interior. La difusión de los estados depresivos es preocupante. Se manifiestan fragilidades humanas, psicológicas y espirituales, que al menos en parte son inducidas por la sociedad. Es importante ser conscientes de las repercusiones que tienen los mensajes transmitidos por los medios de comunicación sobre las personas, al exaltar el consumismo, la satisfacción inmediata de los deseos, la carrera a un bienestar material cada vez mayor. Es necesario proponer nuevas vías, para que cada uno pueda construir la propia personalidad, cultivando la vida espiritual, fundamento de una existencia madura. La Iglesia y la sociedad deben proponer a las personas, especialmente a los jóvenes, figuras y experiencias que les ayuden a crecer en el plano humano, psicológico, moral y espiritual. La ausencia de puntos de referencia contribuye a crear personalidades más frágiles, llevando a considerar que todos los comportamientos son semejantes.

Juegan un papel relevante la familia, la escuela, los movimientos juveniles, las asociaciones parroquiales.

También es significativo el papel de las instituciones públicas para asegurar condiciones de vida dignas, en particular, a las personas abandonadas, enfermas, ancianas. Son igualmente necesarias las políticas para la juventud, que ofrezcan a las nuevas generaciones motivos de esperanza, preservándolas del vacío o de otros peligros».


Autor: Salvador Cervera Enguix | Fuente: Catholic.net